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“Sentir que soy útil a la comunidad es mi mayor bendición”

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Este médico de los atletas suma 36 años de carrera profesional

 “A veces se me olvida que nací en Caracas, porque estoy tan arraigado a Los Teques que siento que soy de aquí”. Así se expresó el reconocido médico traumatólogo Alí Oliveros, quien además de poseer una brillante carrera como profesional ha desarrollado una muy buena labor en el mundo del deporte altomirandino.

Proviene de una humilde familia, constituida por Alejandro Oliveros Bracho, marabino y María de los Ángeles Castro, nativa de Los Andes, quienes procrearon siete muchachos, entre ellos Alí, quien fue el único en dedicarse al área de la medicina. “A ellos les debo todo lo que soy, me enseñaron muchas cosas importantes. Nací en la Maternidad Concepción Palacios y mis primeros años de infancia fueron entre Coche y El Valle, pero a los cinco años de edad mis padres me trajeron a esta ciudad y nos radicamos en Vuelta Azul”.

Con la simpatía y jocosidad que le caracterizan recordó que cuando llegó a esta tierra, tras venir de un área completamente rural, imaginó que por el nombre de la comunidad se encontraría con el mar, por el contrario se cautivó con la espesa neblina que predominaba en esos espacios. “Para mí eso ahí debía llamarse Vuelta Blanca”. Estudió en la escuelita Bella Vista de La Matica, luego en el Manuel Clemente Urbaneja y más adelante en el liceo Francisco de Miranda, donde se graduó como bachiller en 1971.

“Desde muy pequeño siempre sentía la necesidad de ayudar a los demás y como me encantaban los animalitos me abocaba a tenderles mi mano como podía, cuando por ejemplo estaban lastimados. Pero también me caracterizaba por ser muy competitivo, gracias a ese espíritu y la vena deportiva que heredé de mi familia paterna busqué siempre incorporarme en cuanta disciplina me era posible”.

Resaltó que a los doce años participaba en los juegos intercolegiales de béisbol, atletismo, básquet y voleibol. “Cuando terminé el bachillerato, no pasaron ni tres meses cuando ingresé a la Universidad de Carabobo para cursar el ciclo básico de salud junto a 1.600 participantes más. Me decidí por la carrera de Medicina porque desde mi experiencia en los deportes veía siempre muchas lesiones y mi curiosidad permanente de saber el porqué de las cosas, el poder ayudar y sentirme para ese momento impotente, me llevaron a querer ser médico, así que lo asumí como un reto”.

Sembrando el deporte

Otro de los aspectos importantes en la vida de Oliveros radica en su entrega total por los estudios, considera que aunque no fue un estudiante de veinte puntos siempre fue muy responsable, porque así se lo inculcaron sus padres. De allí y de su pasión por el deporte proviene una de sus más grandes satisfacciones, “gracias a mi desempeño deportivo pude obtener algunas ayudas que me servían para sustentar los estudios de mi carrera profesional”. Es por esta razón que entrar al consultorio de este eminente médico es encontrarse con una perfecta fusión de su faceta como traumatólogo conjugado con los trofeos, pelotas y souvenirs de su otra pasión: el béisbol.

“Luego de haber practicado toda clase de deportes, al adentrarme cada vez más en mis estudios universitarios debí definir una sola disciplina y escogí el bate y la pelota. En 1980 obtuve mi título como Médico, toda mi formación al respecto fue en el Hospital Central de Valencia. Cuando regresé a Los Teques comencé a trabajar en el Policlínico, luego fundé en el ’83 junto a otros grandes colegas un equipo de softbol que en sus inicios se llamó Sociedad Médica del Hospital Policlínico y más adelante pasó a ser la Fundación Deportiva Los Doctores, con la que coseché importantes campeonatos en distintas categorías”.

Pero el doctor Alí se mantuvo con esa organización como directivo y atleta hasta 1993, porque tras diez años de su creación seguían enfocados solo en el softbol y él sentía que lo que quería para su vida era el béisbol, por esa razón inició la Fundación Locus Niger, equipo que poco a poco se fue consolidando a tal punto que hoy día son referencia del deporte local con una gran cantidad de campeonatos en su haber, quienes tiempo después también incorporaron al softbol, básquet y futbol sala.

Una buena dupla

“La inquietud de ser traumatólogo se me dio aquí en Los Teques, al presenciar la gran cantidad de lesiones que salían de los campos o canchas y tras ver que teniendo como epicentro a la Panamericana, la principal arteria vial que produce con frecuencia una gran cantidad de pacientes para esa área; ante el déficit de especialistas aquí en la ciudad, donde habían en ese entonces 2 o 3 traumatólogos, decidí hacer mi postgrado en la UCV”.

El famoso médico de los atletas, recalcó que otra de sus mayores bendiciones es la de poder serle útil desde sus dos roles a la comunidad. En primer término, desde que llegó a nuestra ciudad hace parte de la Sociedad Benéfica Hijos de la Unión, por aquello de que siempre le ha gustado ayudar a la gente; y por otra le brilla la mirada cuando relata, “por tener en mis equipos categorías como la máster o súper master, me place decir sin ánimos de jactarme, que en cada torneo al que viajamos, Miranda es la única delegación que lleva siempre un médico entre sus atletas”.

Casado desde el ’89, padre de cuatro retoños y abuelo de tres tesoros que son la luz de sus ojos, aseguró que hay quienes sin competir ya están siendo derrotados por el simple hecho de no atreverse a sentirse vivos y a practicar aquello de mente sana, cuerpo sano. “Yo aún juego y disfruto estar en un campo de béisbol, me mantiene feliz y activo; cuando uno practica un deporte tiende a sentirse bien, es una gran ayuda espiritual porque enriquece cuerpo, mente y espíritu”.MS/lb/Foto: Víctor Useche

 

 

 

 

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