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Una noble causa

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¡Un río de gente! Unas 300 personas en situación de calle, con hambre y sin recursos económicos, se levantan tempranito todos los lunes, miércoles y viernes a esperar la colaboración alimentaria que dan el diácono Douglas Núñez y sus colaboradores, en la antigua sede de los Bomberos de Los Teques.

Desde las 6:00 am, se observan grandes colas en los alrededores del lugar, en especial de adultos mayores, muchos de ellos enfermos, sin bañarse, con la ropa rasgada de tanto uso, en situación de calle, que no cuentan con pensión de vejez, ni con los recursos económicos para sobrevivir. Ellos esperan cinco horas por un plato de sopa que les resolverá el día.

Por otro lado, están los pequeños, niños y niñas con 10 años o menos, con los rostros sucios y con ganas de comer un pedazo de pan. Se desconoce si estudian porque los papás no quisieron revelar su situación, pero de esas 300 personas, al menos 30 son infantes, que muchas veces esperan un cotillón con fruta y galletas.

El diácono Núñez detalló que tiene más de 20 años trabajando por un grupo de ciudadanos que viven en extrema pobreza. “Hay mucha necesidad, personas pasando hambre, permanecen en las afueras de la sede, no tienen para comer o vestirse, y es allí donde la iglesia se aboca a socorrer sus dificultades”.

Destacó que la iniciativa creció a través del tiempo, gracias al apoyo de personas que tienen ese gesto de bondad y caridad para trabajar con los menesterosos.

Detalló que al principio atendían a 30 personas, pero estos últimos años incrementó la población con necesidad. Ha notado la desnutrición de niños, madres y sobre todo adultos mayores.

“Ese gesto de caridad, de bondad y misericordia, lo manda Jesuscristo, nos envía a aplicar el sentido de la misericordia. Nos estamos dando cuenta que es obra de Dios, él quiere que esto permanezca abierto”.

Precisó que abren a las 8:00 am y terminan a la 1:00 pm y dan solo almuerzo; la organización se mantiene con la caridad de la feligresía que va donando y una que otra persona que se acerca a llevar cualquier cosa.

“No hay ayuda gubernamental, únicamente el gesto de ciudadanos que van aportando ingredientes para que las ollas de sopas se llenen con verduras, legumbres, entre otros”.

Dijo que todas las personas que quieran colaborar en esta misión pueden acercarse, deben trabajar con amor y sin esperar colaboración monetaria, el requisito principal es identificarse con la causa, “para ellos las puertas siempre estarán abiertas”.

Por su parte, Josefa Flores de Escalona, con 17 años en la labor, añadió que el comedor se abrió con el apoyo de un padre que falleció hace unos años, diversos sacerdotes que han levantado el proyecto han muerto, no obstante, ellos continúan.

“Estoy laborando en este lugar porque fue un llamado de Dios y de la Santísima Virgen, desde ahí estamos cocinando, éramos 3 personas, luego la parroquia mandó a 5 mujeres que nos acompañan a pelar verduras, fregar y servir la comida. No es fácil, pero no nos rendimos”.

Colaboradoras cuentan su experiencia

Belkis Coromoto Correa, habitante de Los Teques, expresó que “tenemos tiempo trabajando en esto, hacemos servicio comunitario y venimos de vez en cuando los domingos, una vez al mes. Hoy un grupo de amigas decidimos hacer el servicio porque es importante, sabemos que hay carencias y debemos servir a todas las personas”.

Indicó que todos los venezolanos deben sumarse a esta experiencia enriquecedora. “Antes preparábamos una bolsa que se llamaba ‘un kilo de amor’, colocábamos un kilo de pasta, de arroz y otros rubros que recolectábamos en comunidades, pero ahora lo que se pueda y lo entregamos para que preparen la sopa de verduras”.

Además, Marisol Dos Santos manifestó que es primera vez que realiza la labor. “Es fantástico y maravilloso, es algo humanitario y muy lindo, siento una emoción muy grande porque estoy aportando algo positivo, dando mi granito de arena”.

Asimismo, Tatiana Pérez indicó que “cuando servimos estamos dando bendiciones, a veces no hace falta dar nada económico o material, cualquier servicio que se pueda hacer, como cortar el cabello, cocinar, limpiar, es importante en estos tiempos para ayudar al prójimo”.

Jóvenes participan durante vacaciones

María Poleo, de 22 años, agregó que “estoy acompañando a mi mamá, es lindo compartir para ayudar a otros, en especial a los niños y abuelitos que no tienen recursos”.

Cristian Díaz y Diego Jiménez, ambos de 14 años, estuvieron haciendo la labor social, acompañando a sus padres. “Venimos a aportar, auxiliar a la gente necesitada”.

 

Abuelitos beneficiados

Andrea Urdaneta y Daniel González, ambas personas en situación de calle, de unos 70 años, aseguraron que no tienen alimentos y no cuentan con un familiar que los ayude, por eso van tres veces a la semana a pedir el almuerzo para poderse mantener.

Recalcaron que viven de la caridad de la gente porque no cuentan con pensión de vejez./CL/ac

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