Entre polkas, bailes bávaros y una gran feria disfrutaron de lo lindo.
Un paraíso natural acompañado del mejor clima y el inigualable calor de sus habitantes es el aliciente perfecto para enganchar a cualquiera que se aventure a visitar la mágica población de El Jarillo, que el pasado 14 de noviembre cumplió 126 años de su fundación y que fue celebrado este sábado por los lugareños con un evento religioso, cultural y familiar sin precedentes.Esta hermosa comunidad de origen alemán, ubicada a 45 minutos de la ciudad de Los Teques y que hoy cuenta con un estimado de 5 mil habitantes, se fundó poco tiempo después que la Colonia Tovar, cuando los hermanos Emilio y Gregorio Breindenbach decidieron echar raíces en esa zona.
Cautivados por la fertilidad de las tierras que poseían condiciones perfectas para las labores agrícolas, se establecen para dar lugar a una pujante y próspera comunidad de descendientes alemanes que cultivan estas tierras de donde brotan las más dulces y jugosas frutas.
Es importante mencionar a la llamada “Casa de tejas”, donde vivieron los primeros habitantes llegados a El Jarillo y tuvieron lugar las primeras plantaciones de durazno. Al principio no se le prestaba la menor atención a esta fruta, solo se tenían algunos árboles para el consumo de los lugareños y de quienes al pasar se deleitaban con estas.
Tras darse cuenta que aplicando ciertas técnicas de cultivo se obtenían excelentes resultados se disparó el cultivo del durazno hasta hacerse responsable del progreso económico de la mayoría de los pobladores de la región; en la que también prosperan con mucho éxito fresas, pero también cebollín, papas, zanahorias, cebollas y otros productos más que la han mantenido por años, pese a algunas vicisitudes, en la principal potencia agrícola del país.
Alexander Gerik, presidente de la agrupación cultural Jarillo Deutschtanzgruppe, responsables a su vez de la organización de la celebración de este aniversario explicó que la actividad inicial fue la celebración de la misa solemne, donde Eduardo Monroy puso el toque musical con su acordeón para acompañar la eucaristía con música tradicional alemana, a la que acudieron decenas de feligreses.
Posteriormente, a partir de las 2:00 pm se dio inicio a la agenda cultural que deleitó a todos los asistentes al mejor estilo de los bailes típicos de la colonia alemana. “Nuestro grupo de danzas alemanas y uno proveniente de la Colonia Tovar darán lo mejor de sí para demostrar de qué estamos hechos y manifestar que esta cultura aún sigue vigente, con una interesante mezcla de polkas y bailes bávaros que conjugados con la vestimenta típica evocarán nuestras raíces”.
A partir de las 6:00 pm arrancó la fiesta bailable en la que dijeron presente la agrupación Sin Rastro, de San Antonio de los Altos; asimismo la banda Con Sentido impuso también su inigualable estilo. Varios stands ofrecieron a propios y visitantes una exquisita gastronomía a precios asequibles.
“En virtud de que no contamos con ningún organismo que se encargue seriamente de asumir la celebración de nuestras fiestas, sin que con ello le metan algún tinte político, la agrupación de danzas que presido tomó la iniciativa de organizar la celebración que hoy estamos llevando adelante”, expresó Gerik.
Añoranzas de un pueblo
Pedro Lucas Gerik, un jarillero nato, que lleva 72 años haciendo vida en esa hermosa y productiva población aseguró que son muchas las tradiciones que poco a poco se han ido perdiendo y que los lugareños extrañan enormemente.
“Aquí siempre se realizaban distintas actividades durante todo el año, pero el incremento desmesurado de la inseguridad no nos daba tregua y hemos tenido que irlas erradicando; aplaudo que hoy estén intentando de nuevo reavivarlas”.
Entre las celebraciones que se han ido extinguiendo mencionó las fiestas en honor a la Virgen del Carmen cada 16 de julio, la feria de las frutas, hortalizas y artesanías que se realizaban también en ese mes; asimismo refirió los parrandones navideños, la fundación del pueblo y por supuesto la celebración de los Reyes Magos en parapente.
Recordó que su pueblo natal se caracterizaba por los potreros que reinaban en el lugar, “aunque eran poquitas las familias que vivían por acá, la mayoría tenía sus vacas, cochinos y gallinas; los caminos eran de tierra y no existía tanta contaminación”.
Costumbre que no muere
Durante los fines de semana, muchas familias se acercan al lugar para relajarse y olvidarse por un corto tiempo de la ruidosa ciudad.
Dentro de las actividades deportivas que se practican en El Jarillo, están los emocionantes vuelos en parapente; realizados en una de las zonas denominadas como El Despegadero, justamente donde está la majestuosa Virgen del Carmen y donde acuden los visitantes de diversas partes del país con el profundo deseo de vivir la experiencia de realizar un vuelo en el imponente paracaídas o sencillamente se acercan a ser los espectadores de tan emocionante espectáculo.
“Es casi imposible describir tan fascinante experiencia, hay que vivir el momento y sentir aquella emoción y adrenalina que invade todo tu cuerpo y mente”. Así se expresó Adolfo Gerik, piloto de parapente, quien informó que tienen más de 20 años alimentando la adrenalina de los aventureros que experimentan esa sensación.
Explicó que el único requisito es llevar las verdaderas ganas de querer vivir la aventura y que cada persona cuenta con la compañía de un profesional que le acompaña durante los 15 minutos que dura el recorrido, donde además se realizan desde la altura una serie de fotografías que le servirán al usuario como recuerdo de esa extraordinaria experiencia. MS/Foto: Alexander Offerman








