Es autor de los únicos textos sobre estudiantinas en el país
Musicólogo, mandolinista, profesor por más de 25 años en el Conservatorio Musical Juan José Landaeta, miembro fundador de las estudiantinas en Los Teques y autor de varios libros reconocidos en esa materia, son solo algunas de las fascinantes facetas de Eleazar Torres; un excelentísimo personaje de nuestra ciudad que se ha dedicado en cuerpo y alma a dejar un verdadero legado cultural.
“Siempre he vivido El Vigía, eso hizo que yo de niño conociera el trabajo musical que desarrollaba Aníbal Tachó con la estudiantina de la escuela ubicada en esa comunidad. De los instrumentos que allí interpretaban, me llamó la atención la mandolina y con siete años de edad le pedí a mi madre que me regalaran una, así lo hicieron ella junto a mi papá y me inscribieron el Instituto Musical Los Teques”.
Refirió que en esa academia solo recibió un par de clases, que le fueron más que suficientes para aprender a tocar el instrumento de forma autodidacta, luego lo inscribieron en las clases de música que se impartían en el Ateneo de nuestra ciudad. “Eso se logró gracias a Eduardo Ramírez, quien me invitó a integrarme en la estudiantina que estaba conformando, de manera que lo aprendido empíricamente fui afianzándolo allí”.
La destreza con la que Torres ejecutaba la mandolina le permitió adquirir rápidamente un mayor nivel técnico. Con ese selecto grupo de alumnos que tenía Ramírez y al que pertenecía Eleazar, se fundó formalmente la estudiantina del Ateneo de Los Teques.
“Me mantuve con ellos aproximadamente por diez años, realicé a su vez un interesante trabajo gerencial y logístico; mi interés por la música se acrecentaba y con todas esa dinámica llego a la estudiantina de la UCV”. Explicó que su avance en la profesionalización con el instrumento fue de la mano del maestro José Alberto Mondragón.
“Para ese instante contaba con 17 años de edad, estaba culminando quinto año de bachillerato, lo que me llevó a ingresar por la carrera de Artes en esa universidad, a la par que desarrollaba mis estudios musicales en la Escuela Pedro Nolasco Colón”.
Más que una pasión
“Al momento de graduarme nace mi interés por la musicología, que no es más que la investigación y estudio de la música desde el punto de vista científico”.
Tras adentrarse en la exploración y la lectura se percató que no existía ningún libro acerca de las estudiantinas, es por esto que tomó la iniciativa de recopilar toda la información que pudo y se planteó desarrollar ese tema como tesis de grado.
“De tanto buscar delimitaciones concluí realizar la historia de la estudiantina universitaria en mi Alma Mater, me apasionó tanto que decidí dedicarme a la musicología y apartarme un poco de la ejecución de la mandolina”.
Recordó que se abrió una maestría en la UCV y se inscribió como fundador y miembro de esa primera cohorte, la cual culminó siendo magister scientiarum en musicología latinoamericana.
“Mi tesis de grado seguía siendo el tema de las estudiantinas, pero en este caso, amplié un poco más el espectro del contenido, y trabajé sobre las de Los Teques, que más adelante se convirtió en mi primer libro, publicado en 2007 por la editorial El Perro y la Rana. Luego la fundación Vicente Emilio Sojo, como instituto de musicología más importante del país, me encargó que escribiera un ejemplar sobre las estudiantinas en Venezuela”.
Como Eleazar ya tenía buena parte del material, y solo debía poner en orden los contenidos accedió, un año después publica su segundo texto. “En 1998 ya yo había escrito para la enciclopedia de la música, donde invitan a una gran cantidad de investigadores para colaborar y redacté un artículo sobre estudiantinas; fue así como poco a poco me iba convirtiendo en la persona pionera a nivel de escritos sobre ese tema, me atrevería a decir que los únicos libros que existen al respecto los escribí yo”.
Importante legado
Congresos, simposios, conferencias y charlas a nivel nacional e internacional empiezan a ser parte del día a día de este brillante talento. “Estuve en México, Inglaterra y Francia”. Poco tiempo después de esa experiencia, concursó en la UCV para incorporarse como personal docente en la escuela de artes, ganó y actualmente desde hace seis años es profesor allí, donde además lleva la jefatura de la cátedra de musicología general. No obstante, desde hace dos años funge también como coordinador de la maestría en musicología latinoamericana del postgrado en humanidades de esa casa de estudios.
“A nivel escolar también formado mis propias estudiantinas, desde hace 23 años trabajo en el colegio Fray Luis Amigo, en Caracas; donde dirijo ese conjunto integrado por niños y jóvenes de la educación primaria y de la básica. Hago lo propio también en el Conservatorio Juan José Landaeta desde principios de la década de los 90’s, eso me mantiene activo con la ejecución de la mandolina, no estoy totalmente alejado de ella”.
No conforme con todo el exitoso alcance que este noble genio ha obtenido, manifestó que su tercer libro fue dedicado al Orfeón Universitario, específicamente a la tragedia que hace 40 años vistió de luto a la coral, cuando un terrible accidente aéreo, denominado La Tragedia de las Azores, acabó con la vida de los 52 integrantes de ese núcleo en una isla de Portugal.
“Me dediqué a indagar por completo acerca de la vida de cada uno de los que allí fallecieron, porque toda la referencia que existía sobre el tema era netamente institucional. Para realzar lo que ellos significaron en su momento, enfoqué ese trabajo en hablar de la biografía de cada integrante en particular. Ya el libro está listo para la publicación y lleva por nombre Orfeón Universitario 76: Su voz se sigue oyendo”.
De acuerdo a su criterio, es muy difícil describir lo placentero que ha sido dedicarse siempre a toda esa onda que nutre su alma por completo: la música. “Satisfacciones muchas, pero la principal es el aporte que he hecho a la historia de la música en Venezuela; el legado que he ido dejando a través de la gran cantidad de alumnos que he visto pasar por mis aulas y luego que se convierten en profesionales del área es algo muy gratificante”./Maribel Sánchez/Foto: William Sánchez/
