Esa muchacha que cruza rauda la avenida sitiendo una mirada que la atraviesa, cáustica y perversa, hasta que ella se detiene y alza la mirada al póster gigante que anuncia el eventual regreso a la pantalla grande de uno de sus más preciados íconos, Jack Nicholson, quien cumplió el sábado ochenta años. 

Y se emociona la danzarina urbana con ese rostro que sonríe con prolija malicia, esos ojos que la desnudan con premeditación y traviesa lujuria cinéfila, ese actor que modela un ejemplo que muchos artífices de Hollywood asumen con devoción expedita. Jack, interpretando su propio rol de enfermo de Alzheimer, anhelando no morirse antes que sus bienamados Lakers de Los Ángeles regresen a aquella época dorada, la suya. Esplendor y gloria que lo instalaron en un camino rutilante, con 63 películas estrenadas, no todas tan exitosas como las que lo convirtieron en un héroe del séptimo arte, un astro de la interpretación sin método, haciendo distintos roles en los que sobresalió siempre un lúcido temperamento histriónico.

Una máscara estupefacta en la que reverberaban excesos y genialiadades acompasadas por música de rockandroll y aderezadas con  sexo y drogas, en una época en la que la contracultura lobró vencer -con él como antihéroe- al establishment norteamericano.

Cuando, en 1975, recibió su primer premio de la Academia por su papel en One Flew Over the Cuckoo’s Nest (Atrapado sin salida), en la categoría de Mejor actor, se lo dedicó por “haberme dicho, hace diez años, que no tenía empleo como actor”. Ocho años más tarde, por La fuerza del cariño, recibió su segundo Oscar. Entonces volvió a bromear, pomderando el trabajo de su guionista y director, James L. Brooks, quien “escribió once versiones de este discurso”.  Brindó por sí mismo “en las rocas” y una vez más la audiencia quedó en estado de gracia. En 1977, con Mejor imposible (también bajo la tutela de Brooks), ganó su tercer Oscar, segundo como Actor Secundario, y advirtió sobre su “sentimiento hundido” que le caracteriza.

Sobre esto, el zuliano Alexis Cadenas, director de cine radicado en EE UU, señaló: “No cualquier actor puede decir que ha sido dirigido por Kubrick, Milos Forman, Huston, Antonioni, Tim Burton, Scorsese, Babenco, Kazan y Polanski, entre muchos otros y varios de ellos quisieron dirigirlo varias veces: Roger Corman lo hizo cinco veces… Además, fue uno de los actores predilectos por los autores en el renacimiento de Hollywood en los setenta, tiempo en el que hizo películas emblemáticas como Easy Rider, Chinatown, One Flew Over The Cuckoo’s Nest y The Shinning. Con una «persona» de la que el público no parece cansarse a pesar de que puede sentirse redundante, Nicholson es uno de los actores más representativos de un selecto grupo de  Hollywood encabezado por su ídolo Marlon Brando conocidos por su técnica de actuación, muchas veces llamada como “el método”, y ciertamente uno de los más duraderos”.

El periodista Ricardo López participa, desde París: “Él es, probablemente, uno de los últimos grandes de un Hollywood ya desaparecido. Sin el gancho de la belleza, pero con una incontestable inteligencia y un sentido de un humor único, supo convertirse en un maestro del cine de la neurosis. En nuestras retinas quedará para siempre su mirada furibunda, perdida, símbolo de una humanidad desquiciada y atormentada, deambulando con un hacha en la mano en El resplandor, de Stanley Kubrick”.

La psiquiatra poeta, Triana Asián desviste al personaje: “Aaaah!Jack,el psicópata aficionado!un singular representante del desparpajo y la malicia en el cine.lo veo cómo un gran talento que llevó por delante la vocación por la actuación, dejando inclusive que le aplicarán electroshocks para hacer más creíble su interpretación en “Atrapado sin salida”.
Intervino entonces Eduardo de Attelis, poeta y escritor: “Con una expresión más impactante que un cañón de revolver de noventa centímetros o seduciendo brujas para convertirlas en mujeres con poder, Nicholson ha sabido interpretar durante más de cuarenta años personajes románticos y perturbados con un estilo de comedia único, covirtiéndose en una de las más grandes referencias del cine y el teatro contemporáneo para representar o entender a los ‘seres extraños’ que nos cautivan desde la profundidad de la complejidad psicológica de sus personajes…”.

La impresión que hace eco en el colega Ernest Stuyvesant: “El temple incisivo de la interpretación de Jack cruzó como un bisturí una generación dramática de Hollywood que, en la actualidad, se postula a trascendental y ha provocado que siete años de ausencia en las carteleras se sientan como una eternidad. Mediante su camaleónico abordaje actoral, logró sacudir las emociones en la gran pantalla con personajes hilarantes, rebeldes, desalmados, dulces y tan profundos como la inmensidad de su mirada tenaz, esa que cumple con el mandamiento de todo artista: ser reconocible al simple contacto”.

Un poder avalado por esas doce nominaciones al codiciado lauro hollywoodense, donde hay que agregar siete Globos de Oro y e Premio Kennedy, en un palmarés que lo convierte en ícono viviente de la industria cultural estadounidense y globalizada.
John Joseph Nicholson, el rey Jack. vino al mundo en Neptune City, Nueva Jersey, el 22 de abril de 1937. Creció creyendo que su abuela era su madre, mientras que su padre biológico, llamado Don Furcillo-Rose, los abandonó a él y a su madre quien estuvo a punto de abortar, pero al final decidió tener al bebé, por lo que fue criado como hermano de su madre. El actor nunca supo de su propio drama hasta la muerte de ella. Entonces contactó con su verdadero padre, pero sólo habló con él esa vez. A los diecisiete años se marchó a Los Ángeles, donde trabajó de chico de los recados en MGM. Más tarde empezó a estudiar arte dramático en el Players Ring Theatre. La verdadera leyenda comenzaba para quien se especializó en hacer roles cómicos, románticos o de perturbados, siempre con ese denominador común de “outsiders”, esto es,  personajes que se rebelan en contra de la estructura de la sociedad. En 1994 se convirtió en uno de los actores más jóvenes en ser reconocido por el American Film Institute por su contribución a la cultura estadounidense a través de las artes interpretativas. Mito   Hollywood.

La fiesta consagratoria comenzó con ese rol del chico díscolo hijo de papá que hizo en Easy Ryder, donde “jamás hubo utilería”, es la escena en la que, junto con Dennis Hooper y Peter Fonda fuman marihuana mientras hablan textos de Lovecraft. Luego vendría el detective incisivo de Chinatown, el psicópata de El Resplandor, ese legendario “Guasón” de Batman, pasando por el mismísimo diablo que seduce a las brujas de Eastwick, hasta los conmovedores seres decadentes y tristes de About Smichdt o la maravillosa película La lista de Booker.
Su biógrafo,Dennis McDougal,lo desnuda: “Es y fue un actor de método sin el método. Tenía más de 30 años cuando se convirtió en estrella, y lo que aprendió mientras participó en películas categoría B, C y D resultó invaluable”. 80 años después, al igual que a la chica del cartel, Jack continúa desnunando a una aldea global que lo aclama.

Contempla regresar protagonizando el remake que prepara Paramount de ‘Toni Erdmann’,  comedia dramática que compite por el Oscar en representación de Alemania. El director Ridley Scott lo quiere para que haga del millonario Paul Getty. Sólo son rumores que acrecientan una leyenda emocionante que lo colca, junto con Al Pacino y Robert De Niro, en el Olimpo de su generación. Otro de sus biógrafos,  Patrick McGilligan: “Su trayectoria y rango sobrepasan al resto. Ha trabajado con directores de renombre y con independientes, en producciones chicas, mediocres, medianas, geniales y enormes. Si le sumamos los matices de su vida personal y su puesta en escena de perdedor, tenemos al Bogart de nuestros días. Clint Eastwood es el ganador, el héroe. Jack altera el género de las películas en las que actúa, logra ser el antihéroe, el hombre común que cae vencido al final”. La danzarina  aplaude.

Fuente: Panorama