Algunos pacientes mueren después de ser ruleteados
Apenas se presenta un código, los paramédicos se montan en las ambulancias y, con las sirenas prendidas, inician el traslado hacia donde se requiera su apoyo. El centro asistencial de referencia de los Altos Mirandinos es el Victorino Santaella, por ello, casos de accidentes de tránsito, partos y arrollados son llevados a este lugar.
Pero ingresar al hospital es cuestión de suerte, porque si el estado de salud del paciente es muy grave y no hay especialistas, debe ser llevado a otro lugar. El traslado puede convertirse en una verdadera pesadilla, no solo para pacientes y familiares, sino también para los paramédicos, quienes deben velar porque el afectado se mantenga en las mejores condiciones.
Además del tráfico y la presión de tener la vida de un individuo en sus manos, estos profesionales deben aguantar lo que comúnmente se llama ruleteo, que consiste básicamente en “pasear” de un hospital a otro hasta que le den ingreso. Hambre, sueño, trabajo fuera de horario, estrés e impotencia son palabras que describen lo que sienten estos trabajadores de la salud cuando tienen horas llevando a la persona de aquí para allá.
Después del apuro viene la espera
Por miedo a perder sus empleos o a tener problemas con personal de otros recintos asistenciales, los protagonistas de las historias que se relatarán a continuación se identificarán con nombres ficticios. Juan Castillo tiene varios años trabajando en servicios de ambulancia. Su vocación de servicio lo ha llevado a hacer cosas que nunca imaginó que haría por un extraño. “He pasado un día entero sin comer ni dormir esperando que reciban a un paciente”. Las razones por las que un traslado se extiende durante tantas horas son infinitas; sin embargo, la más común es la camilla retenida, que se presenta cuando un paciente llega a un centro asistencial colapsado.
“Entonces debemos esperar que consigan una cama para ubicar al paciente y podernos llevar la camilla. Éticamente no es correcto dejar a alguien de esa manera”. También resaltó que hay hospitales como el Pérez Carreño que no permiten que el paramédico se vaya si el paciente no tiene una cama asignada.
La muerte no perdona ruleteo
Antonio Prieto señaló que la peor consecuencia de esta situación es que el paciente comienza a agravarse. “Esto es lo peor que puede pasar, porque cuando su estado empeora nosotros sabemos que no falta mucho para que pase lo peor”. Manifestó que cuando estas cosas suceden, ellos mismos hablan con los médicos y les tratan de explicar la situación porque saben que la persona puede fallecer. “Nosotros acostumbramos a pasar por dos lugares. Depende del estado del paciente regresamos al centro asistencial de origen o luchamos por evitar que nos den la contra-referencia y nos manden a un nuevo sitio”.
Relató que con el paso de las horas comienzan a sentir frustración porque sienten que, aunque han hecho lo posible por mantener al paciente vivo, nada vale la pena porque saben que está empeorando. “A veces los médicos cuando ven al sujeto muy grave, no le hacen los exámenes completos porque quieren librarse de esa responsabilidad. Entonces lo que hacen es referirlo y se olvidan de hacerle un eco. En ocasiones tiene el hígado u otro órgano perforado y no lo sabemos”.
Mencionó que en otras oportunidades los doctores dejan que se les acumulen los casos. “Una vez me tocó esperar y el médico estaba tomando café y echando chistes con las enfermeras. Tuvimos una discusión”. Detalló que frente a un cuadro de salud muy delicado cada instante cuenta. “Quizás algunos no lo entiendan, pero un minuto puede hacer la diferencia. Por mis manos han pasado muchos que llegan realmente mal, y a la hora, o incluso en minutos, mueren”.
Una historia imposible de olvidar
A Estéfano Liendo le faltaban 45 minutos para entregar su guardia, cuando una parturienta menor de edad solicitó que le prestaran apoyo porque estaba a punto de tener al bebé, pero necesitaba cesárea porque estaba muy complicada. Liendo contó que fueron a dos centros asistenciales y los rebotaron. En el tercero, luego de exigirle a la doctora que la recibiera porque la joven estaba muy mal, la chica entró a quirófano, y cuando lograron sacar al bebé ya estaba muerto. “Hacemos lo posible por salir adelante, pero no podemos encargarnos de todo solos, se necesitan hospitales que cuenten con condiciones óptimas. No es por nosotros, es por quienes tienen un estado de salud grave y pueden morir”./Skarlet Nieto/ac/Foto web