21/06/15.- La noche estaba fría. Las piernas se rendían, pero las ansias de justicia eran superiores. Casi 12 horas permanecieron los familiares y amigos de Adriana Grissel Urquiola Pérez, intérprete de señas en el Noticiero Venevisión, ante las puertas del Palacio de Justicia de Los Teques. La audiencia se extendió mucho más de lo previsto.
A las 8:00 pm regresó Anita (nombre ficticio), hermana menor de Alex Ruiz, esposo de Adriana, quien tenía siete meses de embarazo aquel fatídico 23 de marzo de 2014. Su alegría atraía la mirada de más de uno por su inocencia y unos ojos color violeta, únicos. Su gran sonrisa y dentadura perfecta se asomaban de cuando en cuando, pero había un silencio acompañado de señas. Sí, Anita, de 15 años, es sordomuda.
Según cifras de organismos internacionales de salud, de cada 10.000 nacimientos hay dos niños con pérdidas entre moderada y severa de la audición (0,002% de la población). De acuerdo con eso, de los 30 millones de habitantes que tiene Venezuela (proyección basada en el Censo 2011), alrededor de 60.000 serían sordos.
La espera se hacía larga. Su delgado cuerpo se volvía vulnerable a las bajas temperaturas. Vestía camiseta y jeans, su larga cabellera la aguantaba una cola de caballo. Luego se cubrió con un suéter. Eran casi las 10:00 pm. Manuela Pérez, madre de la joven docente en deficiencia auditiva, se asomaba desde el segundo piso. Solo mostró la señal de victoria: amor.
“Le dieron hasta con el tobo”, fue lo que le dijo el comandante del Sebin a los familiares y amigos, que seguían frente a los tribunales a pesar del hambre y del frío.
Minutos después comenzó la movilización, al fin bajarían a Yonny Bolívar. Les habían pedido cordura a los parientes. Llegó el momento. Empezaron a descender las escaleras él y los efectivos del Sebin. Las cámaras no lo perdían de foco. Todos tenían puesta la mirada sobre Bolívar. Apenas su rostro cruzó la entrada de la sede de justicia, iniciaron los gritos: ¡Asesino!, ¡asesino!.
Pero había otro grito, el del silencio, el de Anita. Sus cuerdas vocales trataban de emitir ruido, pero no podían. Era un sonido de ahogo, era el sonido del alma. Después la abordó el llanto. Bajó Manuela y fue su fortaleza. Anita salió corriendo a sus brazos y Manuela le ofreció su hombro para darle consuelo. Era el abrazo de la justicia, del amor por Adriana y por Alex Adrián.
Una bala fría le segó la vida a Adriana en la entrada de Los Nuevos Teques. Ese día regresaba de hacer mercado junto a su esposo. Así como ella son decenas los venezolanos que salen de sus casas sin saber si regresarán, pero ese domingo le tocó a la joven de 28 años, cuyo legado sigue vivo en quienes la conocieron.
Por:Amy Torres








