Pedro Domont aprendió el oficio de su hermano
En los años 70, Pedro Domont llegó a Los Teques junto a sus padres y hermanos, siendo testigo de los cambios que ha tenido la ciudad del clima ideal, en la que además de formarse, ha escrito su historia de vida, continuando el legado familiar del quiosco “El francés”, donde actualmente repara y vende piezas de relojes.
En conversación con Avance, el hombre destacó que, aunque se han visto cambios en negocios y ciertas estructuras, las calles siguen siendo las mismas, “se mantiene lo esencial, Los Teques ha sido una ciudad que nos acogió, a mi familia y a mí, su gente son muy buenas personas, cálidas”.
Ubicado en la calle Miquilén, el quiosco, cuyo nombre hace referencia a la nacionalidad de su padre, también esconde historia: “el quiosco no era de esta forma, era de los que daba antes el diario El Universal, que eran más pequeños y tenían la identificación de ese periódico. Después de eso se cambió a uno más grande y para el año 93, la Alcaldía los cambió y nos dio este ya en estructura de ladrillo”, relató Pedro.
Por la variabilidad del mercado, el negocio familiar ha cambiado de rubro, ofreciendo actualmente ropa, lentes y reparación de relojes, oficio que Pedro desempeña desde hace cinco años, cuando su hermano emigró.
Ofrece correas, baterías, cambios de vidrio, pilas, corona, entre otros, cuyos precios van desde los $2 hasta $10 dependiendo del tipo de reparación o la pieza. “Cuando el trabajo es más elaborado se remite a los relojeros que tienen mayor experiencia”, concluyó.








