Venezuela ha vivido en 2025 una masacre silenciosa, librada en las autopistas, avenidas y carreteras. Datos recabados mensualmente por el Observatorio de Seguridad Vial (OSV) desde enero hasta octubre, y sumando las cifras rojas de noviembre, el país acumula un saldo devastador de aproximadamente 1.389 fallecidos y más de 4.700 lesionados en once meses de vértigo y sangre.
La tendencia fue letal desde el inicio. Enero abrió el año con 127 muertos y una tasa de fatalidad que marcó la pauta para el resto del periodo. Lejos de disminuir, la curva de violencia vial se mantuvo con picos dramáticos, como en septiembre, que registró 142 decesos, y un cierre de noviembre aún más trágico, con 145 fallecidos, según el monitoreo.
Si hay un protagonista indiscutible en esta crisis, es la motocicleta. Mes tras mes, el OSV ha documentado cómo este vehículo se ha convertido en el principal vector de fatalidad. La data es contundente: los motorizados representan consistentemente cerca o más del 50% de los fallecidos en siniestros viales.








