Trabajador, creativo y muy carismático; así es Paolo Pinzan, un italiano de corazón venezolano que lleva cerca de 60 años en San Antonio de los Altos, haciendo siempre las cosas que más lo hacen feliz: “Soy vidriero de profesión y cantautor por pura pasión”.
“Llegué a Venezuela, desde isla de Murano, Italia, en 1960, cuando solo tenía 10 años de edad, mi mamá falleció allá y mi padre en busca de sosiego decidió emigrar junto a mí hacia estas hermosas tierras; dos años más tarde mandó por mis dos hermanos menores. Siento que soy más criollo que la arepa, amo a Venezuela”.
Aunque Paolo solo llegó hasta el quinto grado de primaria en su Italia natal y en Venezuela no prosiguió sus estudios porque tuvo que dedicarse a trabajar, siguiendo los pasos de su papá se convirtió en uno de los mejores vidrieros del país.
“Gané en una exposición que hice en el Salón Nacional de Vidrio, donde aún permanecen muchas de mis piezas; y también una en el Salón de Arte y Fuego en Valencia; dedicarme a esto me ha dejado muchísimas satisfacciones, además ha sido el legado que he transmitido a mi familia”.
Refirió que su primer trabajo aquí, a los 11 años de edad, fue en Arte Murano, y más adelante en CristalArt. Actualmente, posee la Cristalería Pagi, con 40 años de tradición, fabricando desde el adorno más pequeño, los más hermosos vitrales, hasta las lámparas más novedosas y deslumbrantes; sin contar las excelsas decoraciones para exposiciones de arte.
Está casado desde hace 43 años con Isabel Cristina Hernández, “una criollita” como él la llama, matrimonio del cual nacieron dos hijos, Jean Paulo y Ornella, pero también sus nietos Isabella y Jean Piero. “Con el vidrio monté mi fábrica, hice mi casa, saqué adelante a mis hijos; estoy contento con todo lo que he logrado. Se venda o no se venda, a mí lo que me importa es que la pieza que tracé en mi mente me salga a la perfección porque le imprimo alma, cuerpo, mente y corazón”.
Pasión paralela
Confesó que tiene por hobby, desde muy chamo, la música. “Soy compositor de aguinaldos, y también he tenido varios grupos de rock and roll. Podría decirse que la primera guitarra eléctrica que hubo en San Antonio fue la que adquirí cuando tenía 14 años; me dedicaba a traducir canciones del castellano al español para ofrecer nuevas cosas, creo que así fue como nació mi pasión por la composición”.
Hace algún tiempo perteneció a lo que conocimos como La Vieja Banda, con la que llegó a tener presentaciones en el Emma Soler, Casa de la Cultura, el antiguo Club Miranda, así como en el Centro de Amigos y en el Complejo Cultural de Los Salias, además de grabar un disco.
“Lo de la música pienso que es un don nato que poseo, tengo la dicha de poder decir con orgullo que las canciones que allí interpretábamos eran completamente mías, no sé por qué soy compositor, pero lo que sí sé es que el resultado de las composiciones que hago calan en el gusto de la gente”.
Pero más allá de su particular gusto por el rock en español, Paolo descubrió a través de su esposa cierta afinidad por la música de parranda. “Mi suegra tiene un grupo de aguinaldos por tradición en San Antonio, que llaman La Hernandera. Entonces me dio por componer temas inspirados en cantos para el Niño Dios y para San Antonio, como el santo y como pueblo, contamos con dos producciones discográficas; como yo canto y compongo los temas nos llaman Paolo y la Hernandera”.
Como la innovadora e ingeniosa mente de este admirable creador no para de maquinar, se le ocurrió el pasado año crear un aguinaldo tuyero, pero también uno rockero. “Lo mejor de todo es que ese toque tan particular ha gustado bastante. Tengo dos grandes aliados: mi esposa, que traduce en letras lo que se me viene a la mente y un amigo de la infancia llamado Trino Jiménez, quien me ha colaborado con los arreglos de mis invenciones musicales”.
La clave del éxito
Tras una vida colmada de trabajo desde cualquiera de sus facetas, aseguró que todo lo que es se lo debe a la perseverancia que ha entregado a lo que hace. “A mí nada se me ha hecho fácil, estoy convencido de que mientras se tenga el espíritu de progresar, se logra”.
“La necesidad me enseñó a defenderme como podía y aprender con lo que tenía; sin embargo, siempre asumí el reto de crear lo que necesitaba para trabajar como es, me considero integral al 100%. Una buena parte de mis instrumentos de trabajo me los he hecho yo, desde un horno hasta herramientas; mientras otros compran las cosas, yo me las he ingeniado para fabricármelas”.
Aseguró que todo en su entorno puede inspirarlo para crear las más hermosas piezas en vidrio y que a pesar de todo el esmero con el que trabaja, aún está aprendiendo cada día más. “La creación es un mundo infinito, jamás termina. Todo lo que mi imaginación me muestra lo proyecto en el vidrio, lo que más le gusta es ponerle color, mi favorito es el azul”.
Entre los grandes logros que se apunta Paolo, se encuentra el hecho de ser el creador de la abstracta estatuilla que se entregó en los premios Todo por la Cultura, que entregó la Alcaldía de Los Salias, en diciembre 2016 a más de 50 cultores y colaboradores del medio de nuestra entidad./ac
Foto: (Alexander Offerman) /
MARIBEL SÁNCHEZ