“Robi” un artista que marca pauta en nuestra ciudad
Se dice que el arte se lleva en las venas, se vive, se siente y se convierte en un estilo de vida, por eso Robinson Delgado, mejor conocido en el mundo artístico como “Robi”, es lo que hace desde que tiene uso de razón. Es técnico en administración, experto del dibujo y un tatuador que ha sabido ganarse el respeto y renombre en nuestra ciudad.
Entre tinta, colores, diseños, creatividad y mucha dedicación pasan los días de nuestro protagonista. “Robi”, de 26 años, es caraqueño de nacimiento, pero desde los tres años vive en Los Teques, por lo tanto se considera un tequeño puro.
Rememoró que desde chiquito se vio involucrado en el mundo del arte. “Mis recuerdos tienen que ver con el dibujo; a eso de los cinco años ya me gustaba mucho los creyones de cera, marcadores, rayaba las paredes de la casa y todo eso. Siento que ya es algo muy propio, creo que nací con eso”.
A medida que fue creciendo e iban pasando los años, descubrió y conoció mucho más del arte, que al final del camino se convirtió todo para él. “Poco a poco fui desarrollando ciertos dotes y habilidades; creo que parte de lo que soy se lo debo a eso”.
Sus estudios de secundaria se desarrollaron en varios liceos de nuestra ciudad, y con gran ímpetu mencionó que en todo momento estuvo presente el arte. “Hacía muchos afiches en el colegio y los vendía; esta pasión estuvo conmigo en diferentes etapas, inclusive hoy en día”.
Para este tatuador formarse académicamente no fue algo secundario, pues estudió en el Instituto Universitario de Tecnología Federico Palacios, donde se graduó como TSU en Administración, pero sin dejar a un lado lo que verdaderamente era lo suyo.
“Durante mis momentos en el IUT conocí los aerosoles y comencé a pintar con ellos. Luego de graduarme, pasé un año libre porque lo dediqué a la artesanía”.
Posteriormente, quiso conocer e instruirse más de lo que venía haciendo y decidió ingresar a la Unearte en Caracas, donde estudió pintura, mención artes plásticas.
Precisó que estuvo hasta tercer semestre debido a que la situación país se tornó un poco fuerte y las necesidades eran otras. Esta situación lo impulsó a conocer el arte del tatuaje, profesión a la que se dedica actualmente y de la que aprende cada día más.
“No tenía ni remota idea de que iba a ser tatuador, siempre he dibujado, pero no pensé llegar a esto. Mi primera máquina me la regaló una amiga, ya que se había percatado de que tenía esa esencia por dentro”.
Del papel a la piel
Recordó que no sabía ni como prenderla, para ese entonces se sintió un poco inútil y era algo que le daba mucho temor, ya que no es lo mismo dibujar en papel o en una pared que en la piel.
“Me animé a mi primer tatuaje gracias a unos amigos de la universidad que fueron los que me motivaron; un día compraron los materiales y lo hice, recuerdo que eran unas notas musicales y admito que tenía muchísimo miedo, pero, con todo y eso, no quedó mal”.
“Robi” reveló que los primeros tatuajes los hizo con mucho temor, sin embargo se fue adaptando. “Después era como el hambre que llevaba por dentro, y deseaba hacerlos cada día mejor”.
De todas las modalidades existentes en el mundo tatuaje, este grandioso de la tinta sobresalta en el puntillismo. “Eso se me presentó solo, siempre he venido estudiando varias tendencias como sombras y colores, pero esta llegó a través de una clase de dibujo analítico”.
Mencionó que en ese momento se puso a pensar cómo aplicar esa técnica en el tatuaje. “Así que desde el año pasado vengo ejerciendo a diario este arte de la piel y la tinta”.
Fue el encargado de ponerle color a la plaza Andrés Bello de Los Teques con la imagen de Armando Reverón y un colibrí que fue plasmado en el 2015. Esa fue una de sus últimas pinturas en nuestra ciudad.
Además, logró participar en colectivos culturales de la ciudad, incluso junto a una amiga llegaron a formalizar uno que se llama Atkka cuyo significado es retoña en Wayüü.
“Nosotros éramos un colectivo ecológico, impartíamos talleres de reciclaje en planes vacacionales, colegios, incluso en las escuelas de niños especiales, entregamos certificados, además, participábamos en varias actividades, incluso fuimos a Amazonas, al segundo encuentro nacional de colectivos culturales”.
Apasionado por el arte
Considera que hace falta un poco más de cultura. “El tequeño no cuida, el arte no es tomado en serio. Cuando uno está pintando una pared creen que uno es un vándalo, no aprecian el amor que uno imprime en cada dibujo, y como es costumbre lo van deteriorando”.
Para él esta actividad no es un hobbie. “Más allá de hacer un trazo es algo interno, es una esencia que llevo y cuando se tiene ya se transforma en algo que forma parte de tu vida”.
Adicionó que dibujar ayuda a desestresarse, a comunicarse consigo mismo, a sensibilizarse. “Son cosas que van a favor de tu intelecto, de tu desarrollo personal y espiritual, abarca muchas cosas que van en pro de la evolución”.
Gracias a los tatuajes, ha participado en tres exposiciones, de las cuales se ha traído dos premiaciones. “Poner el nombre de mi ciudad en alto es un orgullo”.
La primera fue una Caricuao, en la que tuvo el segundo lugar en puntillismo; en Maracaibo donde participó en la categoría geométrico abstracto y obtuvo el primer lugar y se presentará en Mérida a principio de septiembre, esperando traerse cosas buenas.
“Siempre digo que uno tiene que tenerle amor, pasión, dedicación, disciplina a lo que uno hace. Es muy distinto cuando se realiza por hobbie que con el corazón y por esa razón se puede llegar lejísimo”.
Puntualizó que muchas veces el tatuar es desprestigiado sin saber el valor de lo que significan. “El arte debe ser respetado por su diversidad, sin él no existiría diferencias y no todos podemos ser iguales, recalcó el respeto ante todo”./RR/no/Foto: Alejandra Ávila/