La agresividad en los niños tiene su origen en el hogar La desobediencia, las rabietas y el negativismo son algunos de los trastornos de conducta más frecuentes durante la infancia, estos pueden resultar muy perturbadores para los padres, ya que suelen presentarse como un desafío a su autoridad y control.
Sin embargo, el desacato por parte del niño está íntimamente ligado con problemas de autoridad y tolerancia por parte de los padres. Los déspotas exigirán «obediencia ciega» por la simple razón de que lo imponen de esta manera, nunca reconocerán un error propio porque «hay que mantener el principio de autoridad», lo que genera casi inevitablemente desobediencia y, por ende, conflicto.
El mal comportamiento tiene varias causas
El infante rebelde puede haber pasado por una serie de experiencias que alentaron su mala conducta, por ejemplo, un maestro que lo etiquetó como travieso porque le resultaba difícil tratar con él. A este pequeño le resultará más fácil persistir y cumplir así con las expectativas del profesor que intentar que este cambie de opinión, por eso continuará portándose mal.
El psicopedagogo Iván Álvarez señaló que “lo primero que hay que destacar es que las conductas son aprendidas en el hogar, por parte de los padres representantes o hermanos, y si ellos son violentos en la casa, el niño al llegar al colegio será agresivo con sus compañeros”
Del mismo modo, destacó que para mejorar este comportamiento se debe trabajar con el grupo familiar y orientar a los padres a no pelear frente a los pequeños, “un niño maltratado será un niño maltratador”.
Añadió que la forma más acorde para mejorar la conducta es por medio de terapias. “Hay que estudiar cada caso, ya que los hogares tienen problemas distintos, es importante que lo progenitores sepan que no hay un lapso estimado para mejorar el comportamiento, pues es algo que se va trabajando con el tiempo”.
“La cooperación, la voluntad y la iniciativa son los tres aspectos más importante que tienen que tener los padres, y seguir los consejos que dan los especialistas, pues los hijos son unas esponjas, todo lo absorben”
Precisó que los niños no nacen así, pues el comportamiento es adquirido. “Cuando los chamos ven una dinámica de paz, tranquilidad y amor en casa, ellos tienden a ser de la misma forma, pero cuando ocurre lo contrario, la violencia y el maltrato se vuelven sus características principales”.
Asimismo, advirtió a los progenitores que tiene hijos con este tipo de conducta que “el aprendizaje se da en la escuela, pero la educación en el hogar, es por ello que la responsabilidad mayor recae en este”.
La influencia del hogar en el pequeño
La familia es uno de los elementos más relevantes dentro del factor sociocultural del pequeño, pues ella es todo para él, es su modelo de actitud, de disciplina, de conducta y de comportamiento, por lo que es uno de los elementos que más influye en la construcción de una conducta agresiva.
Está demostrado que el tipo de disciplina que se impone será responsable de una conducta violenta por parte de los hijos. Un padre poco exigente, por ejemplo, y que tenga actitudes hostiles, que siempre desapruebe y castigue con agresión física o amenazante constantemente a su hijo, estará fomentando la agresividad en él.
Dentro del ámbito sociocultural influirán tanto el tipo de barrio donde se viva, como la presencia de expresiones que fomenten la violencia, por ejemplo expresiones como «no seas un cobarde».
Igualmente, los factores orgánicos de tipo hormonal, los problemas cerebrales, malnutrición y dolencias de salud, entre otros, también contribuyen en la configuración de un comportamiento agresivo.
Por: Luis Lozada
Por otra parte, el niño que no cuenta con estrategias verbales para afrontar situaciones difíciles será fácilmente conducido a la violencia.