Damnificados del 2021 cuentan que pasó con ellos después de la tragedia
MARIBEL SÁNCHEZ
Tras dos años de uno de los desbordamientos más impactantes del río San Pedro, Avance volvió a la entrada de Ramo Verde, para conocer qué pasó con las siete familias que aquel 11 de agosto de 2021 perdieron parte de sus viviendas.
Nos encontramos con que el porche y la sala de la casa de Manuel Rodríguez desapareció. Hoy en día ese espacio es una especie de “patio” donde tienen arrumados los materiales de construcción que les donó la Gobernación de Miranda días después de la emergencia por las lluvias que en aquellos días dejó más de 500 damnificados en diferentes puntos de Los Teques.

“Antes de que culminara agosto de ese año nos asignaron mil bloques de arcilla y un kit de tubos estructurales para dividirlos entre las casas más golpeadas. Los vecinos nos organizamos y yo mismo fui hasta Yare con una gandola para retirarlos. Un mes después, desde la Alcaldía de Guaicaipuro nos trajeron varias láminas de zinc para que reemplazáramos los techos”, aseguró.
Luego de recibir esta ayuda, quedaron a la expectativa de lo que ocurriría porque debían sufragar los gastos del resto de los materiales.
Los bloques, láminas y tubos que recibieron reposan a un lado de las viviendas, pues el alto costo de lo que les falta por conseguir los mantiene frente a un fuerte dilema: “O comemos o reconstruimos lo que el río se llevó. Es difícil comprar cabillas, cemento y vigas de arrastre”.
Guapeando para surgir
No obstante, poco a poco Manuel en procura del bienestar de su pequeño hijo de 2 años y medio, su esposa y su mamá ha ido resolviendo.
Por ejemplo colocó el techo en el patio que improvisó donde alguna vez estuvo el recibidor de su casa. Aún quedan vestigios de los muros derribados por la furia del agua.

“Nuestras casas de estructura colonial, aunque son de vieja data estaban muy bien construidas (comentó al mostrar un lienzo que deja ver cómo era su vivienda antes del desastre). Pero eso no las blindó. Después de aquel 11-A, presentan grietas, filtraciones y deterioro del friso”.
Manuel, es hermano de Samuel, un lugareño que a tan solo tres días de la tragedia contó a Avance todo el horror que vivieron, asegurando que era la primera vez que veía al río tan bravo; opinión que comparte su hermano, quien hizo lo propio este martes al relatar los “adelantos” que han logrado para mantener en pie el inmueble.
El trauma sigue latente
Digna Reyes, propietaria de otra de las viviendas afectadas, expresó su preocupación ante las condiciones en que se encuentra.
Ella vive con dos niños pequeños y le genera angustia que crezcan en medio de un espacio marcado por una tragedia, dado que en las paredes aún se denota la marca marroncita del agua que invadió su casa.

Al consultarles su sentir cada vez que llueve, coinciden al responder que es una angustia permanente y que la experimentaban con mayor auge durante el primer año.
“Hoy no es tanto el trauma, pero sí nos mantenemos a la expectativa. El río está buscando su cauce y ampliando su margen”, resaltó. /rp
Foto 1: La sala y porche de esta casa hoy fungen como “patio” improvisado