Por: Pedro Vicente Rodríguez Calderón
Educador, Comunicador y Político
Para ver hace falta el sentido de la vista, cuyos órganos son los ojos. Estos órganos dan su aporte a las miradas que tenemos los seres humanos de las realidades. Para “mirar” realidades lo hacemos con la vista, con el cerebro y con las emociones que tengamos en cada momento y lugar donde ocurran los hechos. Esto hace que, varias personas pueden estar “viendo” lo mismo y “mirarlo” diferente; incluso, la misma persona puede ver un hecho o situación en un momento y, luego, en otro momento mirarlo diferente a la anterior ocasión.
Según esto, sería obvio que nuestros lectores comprendan nuestros escritos y/o discursos de diversas maneras y con diferentes interpretaciones, dependiendo de sus creencias e incluso de sus estados de ánimo. Por ello, quienes tenemos el empeño en comunicar y educar, necesitamos partir de la premisa que nuestros lectores y/o interlocutores se diferencian de nosotros en las miradas y formas de pensar y sentir sobre los hechos.
En el caso de los educadores, necesitamos diversidad de técnicas y estrategias pedagógicas para tener el mayor alcance y logros en los aprendizajes de los estudiantes y evitar el aburrimiento y la exclusión en los ambientes educativos. Cuando se trata de comunicar, requerimos códigos y estrategias lingüísticas, gramaticales, metafóricas, semióticas y poéticas para “enganchar” el interés de nuestros lectores u oyentes en el sentido real y profundo de lo que queremos dar a conocer.
Siempre suceden hechos y situaciones que confirman lo que creemos y decimos. Estudiantes que comprenden de diversas maneras una misma clase, compañeros de labores que miran la misma realidad de formas diferentes y lectores u oyentes que leen o escuchan nuestros discursos, interpretándolos cada uno a su manera. En fin, esa pareciera ser la realidad de la vida: cada quien y cada cual con su propia mirada, según su filosofía.
“Las palabras están llenas de falsedad o de arte, la mirada es el lenguaje del corazón”.
William Shakespeare