Se convirtieron en atletas profesionales
Lo que empezó como un deporte para rehabilitación se convirtió en el sueño de una familia. La historia de Milagros Hernández y Junior Oropeza representa a una madre y a un hijo que superaron obstáculos de salud, lo que les permitió convertirse en profesionales y atletas.
“Cuando Junior tenía cuatro añitos comenzó su rehabilitación practicando natación. Él fue diagnosticado con autismo y su cuerpito tenía deformaciones físicas; inició practicando en el Inam y, cuando el entrenador vio cómo se desenvolvió, distinguió las habilidades del niño y me dijo: ‘Él tiene un talento’”, relató.
Contó que ver cómo Junior mejoraba haciendo deporte la incentivó a conocer ese mundo. Realizó cursos de capacitación en el área, trabajó como auxiliar de preescolar y finalmente se preparó como atleta de aleta y apnea (disciplinas de natación). Actualmente es profesora de este deporte en el Complejo Cultural y Deportivo de San Antonio de los Altos, enseñando a infantes y adultos con condiciones especiales.
“A pesar de dejar mis sueños atrás, no me arrepiento de todo lo que hemos construido. Junior creció y se transformó en un deportista profesional: tiene dos profesiones y está terminando una tercera. Me ha llevado a conocer el mundo en competencias de las Olimpiadas Especiales”, concluyó.
El hijo estrella
Junior Oropeza, de 34 años de edad, es un atleta de las Olimpiadas Especiales de Venezuela, docente de natación y educación física, y también licenciado en administración y mercadeo.
“Empecé a practicar natación porque me lo mandaron como rehabilitación. Yo tenía botas ortopédicas y ese deporte fue una solución; también entrené béisbol, y había momentos donde salía de una práctica para llegar a la otra. Desde que empecé a practicar la disciplina de natación profesionalmente, he ido a eventos nacionales en Maracaibo, Valencia, San Juan de los Morros y Caracas; e internacionalmente he ido a Puerto Rico, Los Ángeles (California, Estados Unidos), Cuba y Costa Rica”.
Oropeza comentó que el rango de edad de sus alumnos va de los 6 a los 13 años; imparte clases de natación en el Complejo Cultural de San Antonio de los Altos y clases de educación física en la Unidad Educativa Francisco Salias. “Lo que me motivó a enseñarle a los niños fue la pasión. Al enseñar a un niño, tú también te sientes como uno de ellos y los ayudas a cumplir sus sueños. Hoy, en el Día del Niño, les digo que siempre va a existir alguna pasión por algo, sea deporte, música o arte, y cada uno lleva dentro lo que le gusta. Luchen por sus sueños”, finalizó.