Perdió el apartamento y sus familiares se salvaron de milagro
Una especie de mea culpa hace Krisbeilin Valencia, una de las miles de personas del urbanismo Hugo Chávez, también conocido como Summa, por la empresa turca que lo construyó, ubicada en Playa Grande, en Catia La Mar, estado La Guaira, quien sobrevivió al doble terremoto del 24 de junio.
Este viernes 24 de julio, cuando se cumplía un mes de los movimientos telúricos, la mujer estaba sentada en un sofá marrón que quedó tirado en lo que antes era un parquecito y que está justamente en frente de su apartamento, el cual quedó reducido a escombros o más bien a chatarra.

Tras los sismos, ella como la mayoría de los que vivían en el complejo habitacional fueron reubicados en un campamento transitorio instalado en la Universidad Marítima del Caribe en Catia La Mar, pero casi todas las tardes regresa a su antiguo hogar. “Aquí estoy sentada, pasando el día”, señala cuando fue abordada por el equipo de Avance.
Los inmuebles, de estructuras prefabricadas de metal, con paredes de paneles de yeso (drywall), fachadas cubiertas con láminas plásticas, entre otros materiales, hoy día son inhabitables.
Cuenta que al mudarse a todos ellos les entregaron un manual que prohibía la incorporación de elementos de gran peso como mesones de concreto y cilindros.
“Nosotros no podíamos tener tanques en pisos altos. La cocina nos la entregaron en madera y muchos acá pusieron bloques o porcelanato. Sabíamos desde el principio que no se podía hacer y aquí están las consecuencias. Esto pasa por ser tercos”, confiesa.
Sin embargo, le da gracias a Dios porque si las torres no hubiesen sido levantadas con este tipo de material, el número de muertes pudo ser mayor.
“Para ser un urbanismo de 193 torres, de más de tres mil habitantes, y que hayan 390 y pico de fallecidos es una minoría. Si esto hubiese sido una Opppe los muertos eran incontables. Eso también hay que verlo”, sostiene.
En el lugar equivocado
El día de los terremotos, ella no se encontraba en el sitio. En el apartamento estaban su esposo y su hijo. La pareja quedó atrapada en la reja principal y el muchacho logró saltar por una de las ventanas.
En ese momento, un joven que les suministraba agua potable y les llenaba los tanques permanecía en la estructura. “No le dio tiempo, no pudo salir y lamentablemente falleció”.
Krisbeling y su familia también fue damnificada de la vaguada de 1999, lo perdió todo en el barrio Aeropuerto, duró dos años en un refugio y en 2014 le adjudicaron vivienda en Summa y otra vez quedó damnificada.
“Actualmente se están removiendo los escombros, estamos a la espera de las demoliciones y de los estudios de suelo para ver qué va a pasar”, remata.