Cuando Samanta Schweblin tenía 12 años dejó de hablar.
No porque tuviera ningún problema psicomotor o en sus cuerdas vocales, sino porque la superaba la enorme diferencia entre lo que ella quería decir y lo que entendía la gente. «A mí me frustraba mucho el lenguaje. Me fastidiaba la distancia que había entre lo que yo quería hacer, transmitir, y que finalmente llegaba al otro», le dice a BBC Mundo la autora argentina desde Ciudad de México, donde participó en el Hay Festival México. La directora del colegio le dijo a su madre que si después del verano no volvía con un certificado de la psicoanalista de que Samanta era normal, no pasaba a la secundaria.
«Mi psicoterapeuta que es una genia total y a la que le voy a agradecer toda la vida, le mandó una carta que decía que yo era una persona muy normal, pero que tenía un completo desinterés por el mundo que me rodeaba». Samanta y el lenguaje no eran amigos. Hasta que aprendió a dominarlo con una herramienta mágica: la literatura.
«La literatura me dio la oportunidad de poder manipular el lenguaje con una pinza casi científica, aunque tome días, meses, años para decir exactamente lo que quiero decir». A mí me frustraba mucho el lenguaje. Me fastidiaba la distancia que había entre lo que yo quería hacer, transmitir, y que finalmente llegaba al otro» Hoy es considerada una de las escritoras de menos de 40 años más promisorias de Argentina. Cuentista por excelencia, sus relatos han ganado prestigiosos premios internacionales.
Su primer libro de cuentos, El núcleo del disturbio (Destino, 2002), fue premiado por el Fondo Nacional de las Artes y en el Concurso Haroldo Conti. Su segundo libro, Pájaros en la boca (Almadía, 2009), fue galardonado con el premio Casa de las Américas, traducido a 13 idiomas y publicado en 22 países. Además, obtuvo una beca DAAD en Alemania, donde actualmente reside.
La familia como base del drama existencial
El tema común de los relatos de Schweblin son las relaciones familiares. Especialmente las de padres con hijos y viceversa. «Cuando uno educa, prepara a alguien para la vida y trata de formarlo, inevitablemente también lo está deformado. Le está transmitiendo todos sus prejuicios, mandatos y sin embargo se hace con mucho amor. Eso para mí es una tragedia», relata la autora. Me fascina lo extraordinario, lo anormal, lo insólito y curiosamente no necesito salir del núcleo familiar para encontrarlo, está todo ahí»
No son relaciones fáciles. Tampoco agradables. La narrativa de la escritora argentina tiene más que ver con la violencia emocional, la pérdida y los quiebres. Schweblin explota aquellas cosas que ocurren en todas las familias, pero que prefieren taparse con un velo.
«A mi me gusta mucho la institución de la familia. Me fascina porque creo que es el lugar inicial del drama del ser humano» explica. «Me fascina lo extraordinario, lo anormal, lo insólito y curiosamente no necesito salir del núcleo familiar para encontrarlo, está todo ahí», asegura la autora.
Reencuentro con el lenguaje
Tras la beca, Schweblin decidió radicarse en Berlín. Allá comenzó a dictar talleres literarios para latinoamericanos que han resultado una excelente experiencia, según comenta. No son relaciones fáciles. Tampoco agradables. La narrativa de la escritora argentina tiene más que ver con la violencia emocional, la pérdida y los quiebres. Schweblin explota aquellas cosas que ocurren en todas las familias, pero que prefieren taparse con un velo. «A mi me gusta mucho la institución de la familia. Me fascina porque creo que es el lugar inicial del drama del ser humano», le explica a BBC Mundo.
«Me fascina lo extraordinario, lo anormal, lo insólito y curiosamente no necesito salir del núcleo familiar para encontrarlo, está todo ahí», asegura la autora. Samanta Schweblin habló con Constanza Hola, de BBC Mundo, en el marco del Hay Festival México, un encuentro entre distintos pensadores y personalidades para debatir sobre el mundo de hoy e imaginar el de mañana, que tuvo lugar en Ciudad de México entre el 23 y el 25 de octubre.
Fuente: http://www.bbc.com/