10/11/15 -. De este a oeste, los trenes ofrecen una panorámica de Cuba que pocos extranjeros conocen. Trenes obligados a frenar para evitar golpear a las cabras que pastan libremente por todo el recorrido. Viejos sedanes americanos que hacen cola en los cruces de las vías mientras pasan las locomotoras. Carros tirados por caballos que cruzan las vías del tren después del tren. Un niño que hace autostop al maquinista para llegar a casa después de la escuela. Un hombre que cabalga junto a la vías que se utilizaban para transportar toneladas de azúcar en una debilitada industria cubana. Un hombre que sube al tren y embarca a las cabras que va a vender en La Habana. Estas son algunas de las estampas que se pueden ver a diario.
Aunque están modernizando su sistema ferroviario, el robo y abuso que se hace por la misma empresa encargada de su construcción (y, por tanto, de su mantenimiento), hace que ésta sea aún la “vía” más lenta para moverse por Cuba.
El viaje de La Habana a Santiago es de 765 kilómetros hacia al este, y dura 15 horas si el tren no se avería antes. Hay un tren un poco más fiable, con aire acondicionado, aunque actualmente está en reparación. Durante el camino de un extremo del país al otro, las familias hablan y tratan de conciliar el sueño bajo el traqueteo del tren, recostados entre los asientos.
Con información de: El Nacional