Un penalti transformado por el egipcio Mohamed Salah a los dos minutos y otro tanto del belga Divock Origi (minuto 87) para sentenciar bastaron al Liverpool para reencontrarse con la gloria, conquistar la sexta Liga de Campeones de su historia y enterrar la fama de perdedor de su técnico, el alemán Jurgen Klopp, que ya tiene el ansiado trofeo.
El disparo desde los once metros resume un choque cargado de alicientes, prometedor, pero superado por el exceso de respeto la falta de ritmo y la escasa precisión. Solo resucitó al final. Cuando el Tottenham acudió a la desesperada en busca del empate y se frustró del todo con la sentencia de Origi sin solución.
Agencia EFE