El productor y conductor de “Detrás de las cámaras” prepara nuevo programa
El Siglo XXI se estrenó con un grupo de talentos juveniles que le puso sazón a la pequeña pantalla venezolana. Más allá de los gustos y los colores, el programa “Ají picante” de RCTV mostró un menú de personalidades que, entre el dulce y el amargo, se metieron en el gusto y en la recordación de muchs televidentes.
A esa promoción pertenece Luis Olavarriera. comunicador social egresado de la Universidad Santa María, productor y actor, el caraqueño destacó por la singular acidez que le ha permitido desarrollar una carrera, en la que no han faltado algunos sinsabores. “Enchúfate”, “Duelo de famosos” y “Vitrina en construcción”, entre otros compromisos profesionales, lo han pulido y curtido en el medio artístico. Hoy, disfruta de las mieles del éxito gracias a “Detrás de las cámaras”, programa que Televen coloca en pantalla, los miércoles a las 7 pm.
-Desde el principio, ¿qué objetivo te trazaste con “Detrás de las cámaras”?
-Yo estaba muy dolido por muchas cosas y las quería plasmar. Sentía que los espacios de farándula hacían que los artistas se sintieran invadidos y quería que tuvieran un lugar donde se sintieran cómodos y pudieran contar cosas que jamás habían contado. Comencé a ver formatos de ese tipo y para el piloto llamé a mis panas. Definitivamente, la idea era verle la cara al artista, solo, frente a la cámara, sin elementos que lo distrajeran. Para eso necesitaba una silla y, cuando revisamos en el canal, sólo había tres: dos eran horribles y la tercera, la roja, la estaban usando en la novela “Dulce amargo”. No me la querían dar, pero me empeñé en que fuera esa hasta que me complacieron.
-¿Qué te ha enseñado el programa?
-A escuchar muchísimo. Crecí en un año, 10 años. Guardo silencio para ver qué le saco al entrevistado. He aprendido a respetar posiciones muy distintas a las mías y también he aprendido de vivencias de otros que me han marcado.
-¿Quién es el protagonista?
-Sin duda, la silla roja y las luces. Alguien se sienta ahí y empieza a botar información. Es una especie de banquillo del acusado, acompañado por una iluminación muy fuerte que ayuda a que el artista se sienta en la postura de decir lo que quiera decir.
-Es raro que siendo un banquillo del acusado, como dices, y con un foco directo que resulta intimidante, se logre la sensación de confianza…
-De eso se trata. Es como una terapia en la que te sientes solo, no me ves, sólo escuchas mis preguntas y respondes lo que quieres. Ese ambiente de intimidad facilita el hecho de que el artista se abra para compartir sus vivencias.
Todo, todito, todo
-Desde “Ahí picante” hasta acá, ¿cuál ha sido el crecimiento?
-Yo tuve la mejor adolescencia de todas. No tomo, no fumo, no me trasnocho, no como mal, pero en mi adolescencia fui el rey del desastre, hice de todo, absolutamente de todo, pero quería un cambio en mi vida. Y llegó “Vitrina” que no se parece a mí para nada. Yo no sé hablar de cremas para la cara, ni de patuques para la cabeza, sentía que estaba desperdiciando mi energía. Yo conozco la televisión, porque vivimos en una crisis constante desde 2002 y aprendí a hacer televisión sin insumos ni dinero. “Ají picante” fue un programa ganador sin presupuesto. En ese momento aprendí que la información es muy importante y que puedo hacer un programa con dos lochas. Eso es muy RCTV, donde tuve otra escuela, porque yo dependía del Departamento de Prensa que generalmente se queja de la falta de presupuesto, debido a que las novelas y los programas de variedades son prioritarios para los canales y se llevan los mayores presupuestos.
-¿Qué queda del ajicito?
-Me quedan muchas salidas rápidas, pero no me enfrasco en discusiones. Si me dicen que no, para mí es que sí. Si me dicen que no, me meto por la ventana. Tengo la agilidad para tener siete respuestas listas antes de que me digan algo. Siempre he sido ácido, pero no tenía esa capacidad antes de “Ají picante”.
-¿En qué se ha traducido la madurez?
-Ahora tengo conciencia de las cosas que no debo hacer. En 10 años hice todo lo que me provocó y estoy orgullosísimo de eso, porque creo que la juventud se trata de acumular experiencias. Por eso soy incapaz de decirle a alguien: “No hagas eso”. Malo es cuando te quedas pegado en esa etapa. A pesar de eso, yo tuve muchas responsabilidades en “Ají picante”, porque era el único que producía su propio espacio y manejaba su presupuesto. Ese fue un programa ganador que se mantenía por detrás de “¿Quién quiere ser millonario?” en las mediciones de sintonía y eso podía generar muchas situaciones internas. Dicen que los canales de televisión son como clavos, donde siempre hay un martillo esperando para darte el golpe y no dejarte sobresalir, pero yo me lo he ganado todo a punta de trabajo. Nada de padrinos como alguna vez han dicho por ahí. Por ese trabajo llegué a “Vitrina” que fue un gran error en mi vida, pero me permitió entrar a Televen y hacer lo que ahora estoy haciendo.
-¿Dónde dejaste la fama de malcriado?
-Soy insoportable. La gente que trabaja conmigo lo puede decir perfectamente. El lunes me puse como un cuaimo y empecé a gritar que quién no quisiera trabajar que se fuera, pero es que soy muy perfeccionista y muy inquieto, no me gusta perder el tiempo. Sigo siendo un chamo muy caprichoso y voy adonde quiero ir, aunque tenga que hacerlo por los caminos verdes o por los atajos. Ahora, algo que siempre he hecho es respetar las jerarquías, no les paso por encima a mis jefes, respeto sus decisiones y mantengo la comunicación con ellos.
Poca paciencia
Aunque es el responsable de un programa que se ha mantenido triunfante durante más de un año, Olavarrieta quiere ampliar sus horizontes. Eso sí, alejado de la actuación, campo en el que ha experimentado con dos telenovelas (“Por todo lo alto” y “Te tengo en salsa”) y varias obras de teatro (“De todos modos”, “Hombre casado busca”, “Alegría y Mapulín”, “Diógenes y las camisas voladoras” y “Sex point”).
-¿Quieres hacer otras cosas?
-Estoy montado en otra cosa que es un proyecto mucho más ambicioso. Y surgió de una forma algo cómica, cuando se produjeron algunos cambios en la programación del canal y se corrió el rumor de que yo estaría a cargo de una nueva sección. Eso produjo malestar y una serie de comentarios por parte de las conductoras, a quienes no voy a mencionar. Entonces mi jefa me dijo: “Así es la cosa. ¿Sabes qué? En lugar de una sección, vamos a hacer un programa. Monta el piloto”. Y estoy armándolo. Espero tenerlo listo en dos semanas para presentarlo al canal. Todavía está un poco crudo, por eso no adelanto nada.
-¿Te olvidaste de la actuación?
-Totalmente. Yo admiro a los actores en este país, los respeto, porque hacen malabarismos para sobrevivir con la situación que estamos viviendo. Y no me gusta la actuación por el tiempo que se pierde. Tienes que esperar cinco horas para grabar una escena. Siempre digo que les pagan por esperar. Y yo soy muy intranquilo para perder el tiempo de esa manera. Además, tienes que mantenerte todo el tiempo delgado o si un personaje requiere el pelo largo no te lo puedes cortar, si te provoca estar coco pelao, para mantener la secuencia. Son demasiadas exigencias que no van conmigo./Orlando Suárez/