El 31 de julio, el presidente Nicolás Maduro afirmó que se llevarán a cabo detenciones de todos los integrantes de los “comanditos”, una supuesta red de oposición que, según él, estuvo involucrada en actos de violencia tras las protestas contra su reelección, confirmada por el Consejo Nacional Electoral (CNE).
Durante una rueda de prensa con medios internacionales, Maduro acusó a estos individuos de ser “delincuentes tarifados” que reciben pagos en drogas y dólares.
El mandatario aseguró que la gran mayoría de estos presuntos delincuentes ya han sido capturados y que las autoridades están en proceso de localizar a los restantes.
Además, denunció que entre el 29 y el 30 de julio se registraron más de 3.600 ataques contra líderes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y la quema de más de 200 módulos policiales en todo el país, lo que, según él, evidencia la magnitud de la violencia desatada por la oposición.
Esta situación ha intensificado aún más la polarización política en Venezuela y ha generado preocupación por la escalada de la violencia en el contexto electoral.








