Fe, tradición y culturas se unen en el 55° arraial
Con motivo de celebrar a la Virgen de la Candelaria, feligreses de origen portugués, venezolano y español se dieron cita este domingo, 8 de febrero, en el Santuario de Nuestra Señora de Fátima, en Carrizal, donde además se realizó el 55° arraial, concentrando tradición, fe y la cultura de tres naciones.

Iniciando con la celebración eucarística, asistentes compartieron la acostumbrada procesión con danzas y música típica canaria. El rector del santuario, el presbítero Henry Rivero, destacó el espacio como una oportunidad que permite unir, acompañar y expresar la fe de lo que significa para Venezuela, para España y para los portugueses estar acá en el santuario”.

Agustino Goncalvez, secretario de la Asociación Civil Amigos de Nuestra Señora de Fátima, precisó en este 55° arraial también contaron con apoyo de la Comunidad Canaria de San Antonio de los Altos. Aseguró que, aunque ya está consagrado el templo, los arraiales continuarán para culminar proyectos como la casa y oficina parroquial y próximas labores sociales.

Fe y tradición se fusionaron
Con su origen en Tenerife, España, la Virgen Morena se celebra el 2 de febrero, conmemorando la presentación de Jesús en el templo, además de la purificación de la Virgen María, por lo que miembros de la Comunidad Canaria con más de 50 años en el municipio saliense.

Música, manjares y ambiente familiar
En medio de la devoción por la advocación mariana, quienes asistieron disfrutaron de música por parte de agrupaciones como Rondalla Hogar Canario, Rondalla Timanfaya Canaria, Euler “El de las 1.000 voces”, “Ey, soy gaitero y algo más”, entre otros, que dieron un tinte familiar al lugar, que fue punto de reencuentro para muchos.
João Nogueira Da Costa, expresó que “siempre vengo a los arraiales, es muy bonito, me encanta venir para ir a la misa y acá uno siempre se encuentra con bastantes amigos. Venimos aquí en familia y pasamos el día aquí”.
Por su parte, las conocidas barracas se prepararon con dulces, pinchos, los tradicionales buñuelos, empanadas, “mal asadas”, y tortas, así como el infaltable bolo do caco y la sopa de trigo, que ofreció Ismael Texeira, con casi 50 años viviendo en Venezuela.

Los pasteles de nata también ocuparon un lugar, siendo icónicos al ser provenientes del Monasterio de los Jerónimos en Lisboa, que es un sitio reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.








