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Marcos es ingeniero y también palmero de Chacao

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Zuleika Andrade

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Desde hace 25 años forma parte del grupo que busca la palma bendita

Marcos Gimón, un ingeniero en sistemas de 46 años, representa la cuarta generación de los Palmeros de Chacao, una tradición cultural y manifestación religiosa arraigada en el Area Metropolitana.

Esta tradición, que ha sido transmitida de generación en generación, se ha convertido en un símbolo de identidad para los habitantes de ese municipio mirandino.

En una entrevista que concedió a Avance, Gimón recuerda con gran devoción que desde los 15 años ha estado cumpliendo esta bella promesa y misión con mucha fe. “Tengo más de 25 años saliendo a buscar la palma bendita. Pertenezco al grupo de líderes de la cueva, donde nos congregamos aproximadamente 30 personas.”

“En los últimos años, se han sumado más integrantes tanto a nuestros grupos como a los otros, gracias a nuestro programa de formación de palmeritos y peoneros. Una vez que cumplen la edad necesaria, se incorporan a los diferentes grupos”.

Se involucró en esta tradición por su familia: el hermano de su abuela materna y sus tíos, quienes ahora forman parte de los palmeros mayores, una categoría que honra a aquellos que han tenido una trayectoria extraordinaria.

“Mi familia se incorporó por la zona de Pedregal, donde están la mayoría de los palmeros y donde nació la Asociación Civil. Entre los palmeros difuntos que recuerdo están Ramón Delgado, Ramón Farfán y mi tío Rafael ‘Mocho’ Blanco”.

Sobre su rol dentro de la asociación explica que es impulsar el aspecto educativo en los diferentes programas de ‘palmeritos’ y ‘peoneros’, así como cuidar el ecosistema y el medio ambiente.

“Este compromiso y arraigo popular nos ha permitido ganarnos el reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación por parte del Ministerio de la Cultura. Junto a nosotros, forman parte del patrimonio los Palmeros Asuntinos del Valle del Espíritu Santo, en el estado Nueva Esparta.

El significado de la tradición

Al preguntarle sobre lo que representa para él la tradición respondió: “Para mí, ser parte de esta tradición es un honor y un privilegio en la vida, porque es algo que supera todas las emociones. Especialmente ver el sábado (antes del Domingo de Ramos) esa alegría y agradecimiento con el que nos reciben, luego de haber trabajado arduamente en el camino. No es fácil buscar las palmas, seleccionar las más altas y bonitas; realizamos una poda selectiva, y las palmas que no podemos recoger requieren limpieza en el sector: quitamos ramas secas y árboles para beneficiar su crecimiento”.

El origen

La tradición de los Palmeros de Chacao tiene su origen en un acto de fe profundamente significativo. La promesa del padre Mohedano durante la epidemia de fiebre amarilla refleja el deseo de la comunidad de encontrar esperanza y protección en ese momento tan difícil.

 Subir al Ávila en busca de la palma bendita no solo simbolizaba un acto de devoción, sino también la unión de los hacendados y la comunidad en un esfuerzo colectivo por enfrentar el sufrimiento y la adversidad. La reciente promesa realizada durante la pandemia de Covid-19, junto a los 15 palmeros, resalta también cómo esta tradición se ha mantenido viva y relevante a lo largo del tiempo.

Los desafíos

Gimón sostiene que los desafíos son muchos. “Nos internamos en la montaña enfrentando todos los peligros del ecosistema y los animales. El camino es difícil, pero como vamos con Dios y la Virgen, no hemos tenido accidentes”.

Cuando se le consultó sobre los pasos que están siguiendo para que la tradición trascienda de generación en generación apuntó: “Estamos tomando medidas para garantizar que la tradición se mantenga en el tiempo mediante la siembra. En 2023 nos entregaron la providencia para un proceso de investigación; esperamos que este año podamos sembrar. Todo el proceso lo estamos haciendo de la mano de las autoridades de Inparques”.

Comenta sobre anécdotas y relatos, en tal sentido se refiere a uno reciente que ocurrió el año pasado. “Estamos cuando se nos hizo de noche, no teníamos linterna. Comenzamos a rezar y la montaña nos guió con el movimiento de los árboles y arbustos hasta encontrar el camino.

También envía un mensaje a los jóvenes que no conocen esta manifestación religiosa y cultura. “Les diría que esta expresión de fe y recogimiento es una forma de ser familia y cuidar el ambiente”.

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