22/10/15.- Parecida a la eterna lucha entre el bien y el mal que se libra cada Corpus Christi es la batalla que existe entre los que quieren a Los Teques de antaño de vuelta y quienes ya se acostumbraron a cómo lucen las calles de ahora.
A pesar de la desidia mostrada por buena parte de los habitantes de la capital de Miranda, con respecto al progresivo deterioro ambiental, muchos no escapan de la nostalgia que se siente cuando inesperadamente la neblina invade cada rincón de sus hogares. No hay quien se resista a asomarse por la ventana o que no insinúe las ganas de hacerse un chocolate caliente.
Los más jóvenes se refieren a estos días fríos en Los Teques como “novedosos” y “especiales”, mientras que quienes tuvieron el privilegio de conocer esta ciudad hace décadas reclaman el regreso de sus mejores años, los que siempre estuvieron cargados de frío y niebla.
“Los Teques es un palacio cuando baja la neblina, parece que son cortinas colgadas en el espacio”, aseveró Salvador “Chito” Aguilar, cronista de la capital, al citar al poeta yaracuyano José Parra, para referirse a su ciudad favorita.
Tiempos que no volverán
Así como los que mantienen despierta su pasión por este lugar, al hablar del clima, el historiador relata con nostalgia lo que fue, lo que es y lo que no será más.
“A Los Alpes le decían el páramo porque la neblina permanecía allí las 24 horas, esta muchas veces inundaba la ciudad completa. Yo conocí a Los Teques de antes y si me preguntan cómo es el paraíso, diré que así es”.
Sin mucho que opinar sobre la situación ambiental que se deja ver hoy en la ciudad, “Chito” Aguilar quiso sembrar la esperanza en niños y jóvenes que nacieron aquí, al instarlos a formar grandes grupos ambientales que rescaten un lugar que fue uno de los más paradisíacos del país durante el siglo XX.
“Todavía tengo fuerzas para pelear por Los Teques y si yo puedo, ustedes también, tienen que organizarse en grandes movimientos ecológicos, no importa empezar con poco, sino comenzar a hacer, tienen que obligar al Ministerio de Ambiente a que cumpla sus funciones; la esperanza seguirá mientras existan personas a las que le duela la ciudad”.
Según relató el cronista, el clima del siglo pasado convirtió a la capital en un sitio para el retiro y la curación, ya que los tuberculosos que querían aliviar su mal consiguieron en Los Teques una medicina natural. A lo que se le suma la buena producción de hortalizas y frutas que se daba para aquel entonces, lo que influía de manera positiva en su recuperación.
Vestigios de aquella ciudad fría, pero acogedora, se dejan ver en diciembre más que todo, mientras que en los días menos calurosos la niebla cubre los kilómetros altos de la vía Panamericana. Los más afortunados son habitantes de las comunidades más humildes como Los Lagos, Santa Eulalia, Santa Rosa, parte alta de El Nacional y La Matica, así como Guaremal y sus alrededores, donde todavía se respiran los mismos aires de la ciudad con el clima ideal.
Rafael Ramos Nápoles: Quiero de nuevo mis aceras
Mientras los tequeños se acoplan al bululú de la ciudad, intelectuales que crecieron en la capital de Miranda siguen soñando con una mejor ciudad. Tal es el caso del reconocido poeta Rafael Ramos Nápoles, que con sus incontables escritos se empeña en mantener viva la memoria de esta localidad.
“Por razones obvias jamás podremos recuperar nuestra neblina, pero sí lo demás. Por ejemplo, quiero que me devuelvan además de la seguridad, las calles sin autos estacionados, los motorizados cumpliendo las ordenanzas y mis aceras, quiero de nuevo mis aceras”, dijo el también periodista y actor.
Más que el clima predilecto, los amantes de la capital se lamentan por las “cosas buenas” que yacen perdidas en el olvido, como la tranquilidad y la paz que caracterizaron siempre a esta localidad. “Se ha perdido la buena vecindad, el compañerismo, la seguridad, nuestras verdes serranías y hermosos sembradíos, y por sobre todas las cosas, nuestra querida, saludable y nunca olvidada neblina”.
Además de la referencia decembrina, según lo relató el poeta, a Los Teques lo hicieron famoso los habitantes de la ahora llamada Gran Caracas, quienes llegaban a disfrutar de la tradición gastronómica y patinaje./cg
Por: Glorimar Fernández/Foto: Alejandra Ávila