Gabriel conduce una carretilla en las afueras del estadio Jorge Luis Carneiro, en la zona costera de la Guaira. De repente se detiene cuando ve al equipo de Avance y pregunta: “¿Me permiten dar unas declaraciones?”, enseguida encendemos el micrófono y expresa lo siguiente:
“Vivíamos en residencias Airemar en Caraballeda, el edificio se desplomó, perdí a mi hermana y a mi sobrina. No conseguimos el cadáver de mi hermana”, señala el hombre quien pese a la tragedia que está viviendo debe trabajar en el estadio, donde funciona el centro operaciones que alberga a personal de 60 países y 600 funcionarios de Protección Civil de distintas regiones de Venezuela que participan en las labores de rescate.
Manifiesta que en el Polideportivo José María Vargas, donde está uno de los refugios más grandes del estado, “ya no cabe más gente. En la Universidad Marítima están mis vecinos. Cuando llueve los niños se mojan y no los quieren mandar para otros sitios donde estén en mejores condiciones”. Hace una grave denuncia. En algunos de esos lugares se han presentado casos de abuso sexual infantil por lo que hace un llamado a los cuerpos policiales para que metan la lupa en ese tipo de recintos.