Gregorio es el aliado perfecto de muchos tequeños
Trayectoria y profesionalismo han de ser los calificativos perfectos para describir la exitosa carrera que desde hace más de tres décadas se ha labrado Gregorio De Abreu Bello, un talentoso estilista que con su modo inconfundible se ha convertido en uno de los íconos más simbólicos de la ciudad de Los Teques, en la que suma 35 años poniendo simpaticones a hombres, mujeres y niños.
“Jamás imaginé que me convertiría en estilista. Siempre he vivido en esta ciudad, para mí es la sucursal del cielo, como nos lo enseñó mi papá. Soy el menor de siete hermanos, nací gemelo sietemesino pero mi par falleció durante el parto, considero que tengo una misión importante que cumplir y creo que lo estoy haciendo, si no tampoco habría sobrevivido; crecí en el barrio Sucre, frente a Los Nuevos Teques, luego me casé y me fui a La Matica pero actualmente resido en Lagunetica”.
Relató que pudo gozar de una infancia maravillosa, donde los paseos cada fin de semana eran infaltables. “Mi papá tenía una finca en San Juan de los Morros, disfrutábamos mucho de ir para allá, pero también nos encantaba deleitarnos con el espectáculo natural que producía la neblina en las calles de Los Teques, asistíamos a las fiestas en honor a la Virgen de Fátima, ya que mi padre es de ascendencia portuguesa”.
Gregorio cursó estudios de primaria en la unidad educativa Manuel Clemente Urbaneja y el bachillerato lo sacó en el Muñoz Tébar. “A la universidad no entré, me puse a trabajar muy joven, a la par que me puse a hacer un curso de barbería en la avenida Andrés Bello de Caracas, lo hice por pura curiosidad y hasta por si acaso, porque como me casé muy joven tenía muchas responsabilidades que afrontar”.
Una treta del destino le jugó una mala pasada, cuando apenas contaba con 17 años de edad. Para ese entonces, laboraba en la fábrica de caramelos El Globo ubicada en Carrizal, le correspondía el turno de 3:00 pm a 12:30 m. En una oportunidad el transporte de la empresa no llegó para recoger al personal y fueron víctimas de un atraco, en el que Gregorio resultó herido por arma de fuego en una pierna.
“Gracias a Dios no tuve secuelas de ese hecho, pero no volví a la empresa y me puse a trabajar como barbero, con los conocimientos que había obtenido en los cursos. Recuerdo que comencé con 18 años en la calle Guaicaipuro, después me fui a la plaza de El Rincón, posteriormente a la avenida Bermúdez y desde hace 20 años tengo mi propio salón en el boulevard Vargas; en cada peluquería duraba alrededor de cinco años trabajando”.
Cariño y dedicación
Visiblemente feliz rememoró que cuando decidió emprender, lo hizo sin miramiento ninguno; gozaba ya de un amplio reconocimiento en el ramo y por supuesto avalado por una amplia clientela que daban fe de la excelencia de este profesional de la belleza, lo que le permitió comenzar con buen pie. Al consultarle la clave que le ha permitido llegar hasta donde hoy está refirió que todo está en la constancia y en el trato amable que le brinda a todas las personas.
“Todos los días de mi vida le doy gracias a Dios por esta profesión que tanto me llena y que me ha brindado infinidad de satisfacciones, he conocido a muchísima gente. Gracias a esto he sacado adelante a mi familia, por cosas como esas no cambio mi oficio por nada, al contrario pido mucha vida y salud para seguir trabajando con cariño y dedicación”.
Otra de las características de este simpático caballero es su permanente preocupación por ayudar a los demás, bajo esa premisa viene dictando desde hace algún tiempo diversos cursos y talleres cada seis meses, con miras a que nuevos emprendedores puedan desarrollar la interesante profesión del estilismo y la barbería.
“Conmigo laboran cuatro de mis ex alumnas, quienes de paso se han convertido en grandes amigas mías porque aparte de conformar un gran equipo de trabajo somos una familia; comparto con todos los conocimientos que adquirí en Caracas, República Dominicana, España y Curacao”.
Una verdadera leyenda
Y es que en definitiva, no hay mujer tequeña que no haya pasado por la silla de Gregorio, quien con mucho empeño les transforma la vida “sin querer queriendo” a muchas de ellas.
“La mayoría coincide que las mechas son mi especialidad, aunque todo lo que hago me encanta y procuro que guste también a mis clientas, hasta aquí llega gente de Caracas, Guarenas, Valencia, San Cristóbal, Vargas y Cumaná; me siento muy agradecido por el apoyo y la confianza”.
Sin duda alguna, quien prueba a este caballero, profesionalmente hablando, no le deja. “He tenido clientas a las que peiné para su primera comunión, en los 15 años, luego en su graduación y hasta en su matrimonio, eso es una satisfacción muy bonita; también he tenido clientas que me han traído a sus amigas, a su mamá, sus primas, hermanas y pare usted de contar; lo que indica que los resultados gustan y se multiplican, esto tiene más cosas positivas que negativas, cambiar una cara larga o deprimida por una sonrisa es lo máximo”.
Gregorio se ubica muy lejos del estereotipo del típico estilista a nivel personal, él rompe con todos los esquemas de ese clásico cliché. “Me he casado en dos oportunidades, del primer matrimonio procreé a mis cuatro primeros hijos: Gabriela, Keny, María y Kevin; hace 07 años me volví a casar y de allí nacieron Gregory y Alonso; tengo cuatro maravillosos nietos que son sencillamente la luz de mis ojos”./MS/lb/Foto: Alejandra Ávila/