En el área de terapia intensiva de una clínica al noroeste de Buenos Aires las camas están vacías y los monitores de los respiradores todavía tienen el envoltorio de fábrica, reseñó AP.
Los armarios desbordan de medicamentos, jeringas y material descartable; los tubos de oxígeno están al tope mientras un tomógrafo permanece apagado. Sólo falta algo: pacientes.
La postal no concuerda con lo que sucede en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) de la mayoría de los hospitales ubicados en los suburbios que rodean a la capital argentina en medio de la segunda ola de la pandemia de coronavirus, con un promedio de 20.000 contagios y 400 fallecidos por día en las últimas semanas. En el área metropolitana de Buenos Aires la ocupación de camas ronda el 90%.
La clínica privada San Andrés de la localidad de Caseros no funciona desde principios de año, cuando su director falleció de Coronavirus y sus herederos se desentendieron de los 144 trabajadores mientras la justicia define la sucesión. Desde entonces enfermeros, radiólogos, instrumentadores y técnicos, entre otros, tomaron la clínica y reclaman a las autoridades sanitarias su reapertura.