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Coroneles capataces de haciendas

Coroneles capataces de haciendas

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El título del trabajo que ustedes leerán a continuación, se hizo presente después de efectuar la revisión del libro De Ocumare a Miraflores, escrito por Nemecio Parada y publicado por la Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, editorial creada gracias a las inquietudes del historiador Ramón J. Velásquez, donde en una de sus páginas se refiere a las haciendas que poseía el general Juan Crisóstomo Gómez, mejor conocido como “Juancho” y “Juanchito” Gómez, quien nombraba, para que se encargaran de velar por esas posesiones, a coroneles, de los conocidos de montoneras, que habían llegado a Caracas con sus machetes, cobijas y chopos, acompañando a Cipriano Castro y a Juan Vicente Gómez.

Nemecio Parada nació en el Estado Táchira, en la villa de Capacho Nuevo, donde conoció el trabajo desplegado por los hombres y mujeres que hacían producir la tierra. Recibió, en el seno de su familia, las orientaciones y la educación que le permitiría, a lo largo de su existencia cumplir funciones administrativas, concretamente en importantes oficinas telegráficas de poblaciones como Colón, San Cristóbal, Tovar, Barquisimeto, Río Chico, San Félix, Ocumare del Tuy, Cumaná y Caracas. En Ocumare del Tuy estuvo Nemecio Parada cuando la presidencia del estado la desempeñaba Juan Crisóstomo Gómez, asesinado de una puñalada en su habitación de la casona de Miraflores en 1923.

LA POBREZA, LA MALARIA Y LA TUBERCULOSIS REINABA SOBRE VENEZUELA

A través de los escritos de Nemecio Parada conocemos gran parte de lo que significó para los Andes y Venezuela la presencia de Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez al frente de la Revolución Liberal Restauradora, dado que, como lo señala Víctor Escobar Roa al presentarnos al autor De Ocumare a Miraflores, al revelar: “Parada tuvo la oportunidad de conocer y tratar a los principales jefes militares y políticos de aquella revolución”. Nemecio Parada, escribe Escobar Roa: “Pinta el paisaje y el drama de un país que para los jóvenes de este tiempo resultará extraño, ajeno a sus conceptos de la vida y del valor. Es la Venezuela de las regiones aisladas, paralizadas por el terror de la dictadura, por la pobreza fiscal, por la malaria, por la tuberculosis.” Una Venezuela, señala Escobar Roa, en donde el viajero gastaba semanas, para llegar de los Andes a Caracas o de Guayana a Puerto Cabello. Les dejaré lo que Nemecio Parada nos narra de Ocumare del Tuy entre los años de 1917 y 1921, época cuando él se desempeñó como jefe de la Estación Telegráfica de la para entonces capital mirandina.

 SOBRE LOS HOMBROS DE FORNIDOS HOMBRES SE CRUZABA EL RÍO

A Ocumare llegó el futuro historiador, narrador y cronista Nemecio Parada, para encargarse de las comunicaciones telegráficas, jineteando una flaca y lenta mula, como él lo recuerda, aperada en la población de San Francisco de Yare, donde había llegado utilizando los servicios del ferrocarril, población, donde los Diablos Danzantes constituyen todo un acontecimiento el día de Corpus Christi, volcada ese día a la calle por la presencia, en período de prueba de la línea férrea, conociendo en ese histórico momento al reverendo y a distinguidos yarenses como Santiago Sanoja, jefe civil, al comerciante Damato y al ganadero Ramón Rodríguez. Para hacer la entrada a Ocumare se debía cruzar el caudaloso río Tuy, algunos lo hacían en los hombros de fornidos jornaleros, mientras que el equipaje lo trasladaban en canoas. Entre las poblaciones de Santa Lucía y Santa Teresa, plasma el cronista citado, se encontraban, a lo largo de la vía, bellas mansiones pertenecientes a los dueños de las haciendas Las Monjas, La Virginia y Mopia. Al llegar al centro de la ciudad, Parada retrata la plaza principal, el templo, con su imagen de San Diego de Alcalá, patrón de los ocumareños e indicando los trabajos que en esa Casa de Dios cumplió el reverendo Bacalao; señala también que en el corazón de la población se elevaban la casa de gobierno, la jefatura civil, el cuartel de policía, el telégrafo, tiendas, botiquines y galleras, algunas calles, como Benzaquén , El Calvario y los barrios Sabana de La Cruz, espacio dedicado para la efectuar corridas de toros, peleas de gallos, bailes, entre otros espectáculos, El Rodeo y Parroyo, recuerdo al padre Arroyo.

LA SEDE DEL MERCADO SE TENÍA COMO CENTRO ARTÍSTICO        

Para aquellos años de la estadía de Nemecio Parada en Ocumare del Tuy, las familias hacían sus compras en el mercado y los enfermos eran atendidos en el hospital San Simón. Por cierto, el local donde funcionaba el mercado se utilizaba para pasar películas mudas, proyectadas por el señor Manuel Betancourt y sitio que también se acondicionaba para, en cierta época del año ,actuaran grupos de artistas que llegaban con sus modestas compañías desde Caracas, donde participaban conocidas figuras de la actuación como Aurora Dubain, Blanca Portocarrero, Rafael Zapata, Izquierdo, Antonio Saavedra, al lado de otras actrices y actores muy populares para la época en los escenarios caraqueños. Resalta el historiador las festividades religiosas en honor a San Diego de Alcalá con la participación de Monseñor Felipe Rincón González, Arzobispo de Caracas y de Venezuela, acompañado de levitas de Valencia y de poblaciones aledañas. En los eventos populares de las fiestas patronales, no faltaban los encuentros gallísticos, con la participación de ejemplares de los estados Miranda, Aragua, Guárico, Carabobo y Apure.

CORONELES MACHETEROS CONTROLABAN PROPIEDADES Y VIDAS.

El más grande terrateniente de los fértiles valles del Tuy, del cual hace mención Nemecio Parada, era Juan Crisóstomo Gómez, presidente del Estado Miranda, dueño de la gran posesión “Mendoza”, formada por siete haciendas, fundo colindante con los estados Guárico y Aragua. En Mendoza, así como en las demás tierras, operaban los conocidos coroneles caporales, encargados de aplicar mano de hierro sobre los campesinos que ellas laboraban. Los coroneles caporales actuaban bajo el lema “Unión, Paz y Trabajo”, con el cual se identificaba el régimen tiránico de Juan Vicente Gómez. Los caporales, administradores y celadores, simples macheteros de montoneras, actuaban en nombre del cacique mayor, identificado en los valles del Tuy como Juan Crisóstomo “Juancho” Gómez, quien también llegó a ser Vicepresidente de la república, entre otras altas responsabilidades administrativas, ejercidas por disposición de su hermano.

 

 A la izquierda J.V. Gómez y a la derecha su hermano menor Anibal Gómez

Jesús María Sánchez. Los Teques. 10042018.

sanchezjesusmaria@hotmail.com

 

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