El campo del golf de Caraballeda, en La Guaira, desde el 24 de junio, el día que dos terremotos sacudieron al litoral central y a otras regiones del país, se convirtió en un refugio, donde permanecen 296 familias, más de 400 personas, en su mayoría provenientes de los edificios de la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV), también conocidos como OPPE que se desplomaron hace exactamente un mes.
En horas del mediodía de este viernes 24 de julio, cuando Avance hacía un recorrido por el espacio llegó un camión cargado de alimentos, palas, picos, entre otras herramientas, así como productos de higiene.
En cuestión de segundos se formó una larga cola, pero muchos de los damnificados que permanecen allí denunciaron que gran parte de las personas que estaban retirando los insumos no están afectados, sino que llegan al lugar para llevarse lo que no les corresponde y venderlo.
“Aquí se vive en bachaqueo constante. Por la falta de control se mete gente bien vestida, que no tienen necesidades, que ni de La Guaira son, y salen con bolsas negras y sacos. Se están lucrando con el dolor ajeno” afirmó visiblemente molesto Carlos Ceballos, damnificado.

Dijo que todo ese material que llega es donado por organismos internacionales, que desde el 24-J le están dando una mano amiga a los que decidieron tomar las instalaciones como albergue. “nos están ayudando de manera desinteresada”, aseveró.Agregó que este viernes arribaron unas 400 bolsas de donativos, “cuando intenté retirar algo para mí y los míos, más que todo comida y artículos de aseo personal para dos niños que están a mi cargo, solo pude rescatar un paquete de pañales. Eso es injusto”.