Una dama que brilla con luz propia, de esas personas que desde la primera impresión te brindan aquella buena vibra que dan paso a entablar interesantes conversaciones. Ella es Cecilia Castillo, una mujer que lleva en su historial de vida 40 años de carrera artística, destacándose como cantante lírico, poeta, bailarina, actriz y docente de música y danza.
Caraqueña de nacimiento, pero los mejores momentos los ha vivido en nuestra ciudad. “He pasado tantos gratos instantes en Los Teques, mi niñez y adolescencia fue maravillosa, gracias a mis padres y abuelos. Aquí conocí a grandes maestros como Juan Bautista Carreño y Carlos Griman quienes me nutrieron de tantos conocimientos”.
Cecilia es proveniente de una familia en la que reina el arte, la música y los escenarios. Precisó que la parte musical la heredó de su mamá, debido a que es una destacada cantante de la época. En cuanto a los otros aspectos artísticos, fueron gracias a su papá a quien le gustaba la pintura y trabajó en el museo de Bellas Artes por más de 36 años.
Desde muy chiquita estuvo rodeada y compenetrada con este maravilloso mundo. A los 7 años le llegó la chispa de que le gustaba el baile y comenzó su destreza en esta rama durante muchos años. Logró participar en importantes grupos de danza como el María Grisales de Caracas.
“La música llega a través de mi mamá, siempre me gustó y cantaba en casa con ella pero no la tomaba como un aspecto profesional. Ella estaba en la filarmónica de Miranda y una vez me invitó a que fuera a cantar con ella, me preguntó por qué no ingresaba y lo hice, ingresé de la mano del maestro Juan Bautista Carreño y ahí fue donde arrancó mi carrera musical”.
Con mucho respeto y admiración recordó que vio clases de canto con la profesora Lola Linares, a quien siempre recuerda con cariño, a pesar de que era tan estricta, fue quien la impulsó y a enfocarse en que el canto lírico era lo de ella.
Esta luchadora de vida, reveló que siempre ha sido constante en la música. Hace tres años sufrió un accidente que le impidió seguir dando clases, debido a que se le complica trasladarse a los ensayos, sin embargo cada vez que el maestro le pide ayuda en las aulas trata de acercarse.
“Sigo siendo parte de la Filarmónica, cuando pasamos por ese cuerpo de músicos y cantantes, siempre estamos vivos. Tuve la oportunidad también de estudiar canto lírico con la profesora española Paola Victoria De Las Casas, cantar en la Orquesta Municipal de Caracas, Banda de Conciertos de Los Teques como solista, un sinfín de experiencias maravillosas que nunca olvidaré”.
Derroche de esplendor
Luego de pasar por varias agrupaciones musicales, se abrió paso para ser directora de coros infantiles y juveniles. “Tuve la preparación de mi esposo al cual admiro y respeto mucho, además de nuestra relación sentimental hay un apoyo mutuo como colega y me inició en la batalla de dirigir”.
Destacó que desde niña le gustaba enseñar, ese era su juego favorito, y con el paso del tiempo descubrió que le apasiona la enseñanza musical, ser una mano amiga para pode ayudar a otros a crecer dentro de la música. Además que siente un cariño muy especial por sus alumnos. “Uno se siente súper feliz y orgullosa cuando los ve triunfar en esto”.
La vena artística que recorre por esta familia no quedó ahí, sus dos hijos también son cantantes, queda demostrado que lo que se hereda no se hurta. Aseguró que tienen una buena voz, “la niña de 26 años estuvo en La Escuela de la Gaita y ahí logró grabar un CD. Lo peculiar de ella es que es una persona con discapacidad cognitiva, sin embargo le gusta la música, la danza y salió como yo”.
La música y las situaciones por las que atravesaba, la llevó a estudiar músico-terapia y danza-movimiento precisamente para la atención de su hija. Manifestó que fue año y medio de aprendizaje bastante fuerte porque fueron unos maestros extranjeros y le ha servido mucho para su bienestar y el de muchas personas.
“Hay que tener mucha paciencia, constancia y ética. Cosa que siento que mi país ha perdido en estos últimos tiempos, de hecho los artistas que tenemos tantos años aquí, no existimos. Es triste ver cómo tanto talento y personas bien formadas, somos invisibles, porque el país no brinda la plataforma que se necesita”.
Artista honorable
La pasión que invade a esta mujer la hace ver como pocas, y afirma desde lo más profundo de su ser que continuará con la música y cantando, “si puedo volver a tener toda mi agilidad motora para hacerlo, voy a seguir bailando aunque sea con los dedos y así será porque los artistas lo vivimos, lo sentimos y es lo que nos hace libres”.
Encontrar una palabra exacta para definir qué siente Cecilia por la música, fue muy sencillo debido a que la resumió como en “todo”. Consideró que la música forma parte de cualquier ser humano, desde el vientre de la madre hasta la muerte.
“Para mí, no es solo decirlo, lo he vivido así. Desde niña he estado involucrada, así ha sido mi vida y así quiero que siga y espero morir montada en un escenario. Nada de despedidas tristes ni de llantos sino cantos, bailes y música eso es lo que siempre le pido a mi familia y amigos”.
En este maravilloso ser humano la tristeza no tiene cabida, la alegría, esas ganas de vivir y seguir haciendo lo que ama, son esas cualidades que la hacen brillar y la convierten en una piedra preciosa a la que hay que admirar.
“Dios me dio ese don, el carisma, la danza, la pintura, el canto, la poesía, la libertad y así quiero que todos me recuerden. Por otro lado, es extraordinario ver como a toda mi familia le guste lo mismo y exista tan buena conexión, eso es una bendición. Mi vida ha sido magia”.
Para finalizar, como consejo a aquellas personas que se estén iniciando en cualquier rol artístico, puntualizó que no desistan, que lo único grande, puro y hermoso que Dios ha creado ha sido el arte en todas sus potencialidades.
“El que tenga un don, que lo brinde y no sea egoísta. Que lo estudie desde su alma y corazón y que lo dé con todo formando a otros. es hermoso convivir y coexistir con personas que generan sensibilidad en la vida”./lb
Fotos: William Sánchez
**Cecilia Castillo nació para ser una artista inigualable
ROSANGEL REBOLLEDO