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Espuelas amoladas

Espuelas amoladas

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Las espuelas las llevan los gallos de peleas y no los patarucos. Mientras que los llamados gallos finos reciben esmerado trato por parte de sus dueños, quienes les suministran una alimentación especial y recibiendo entrenamiento diario, los patarucos se pasean por los gallineros donde la comida es la misma de las gallinas, a las que se encarga de montar y así fertilizarlas, cuestión esta que solo se observa en los hogares campesinos, dado que el pataruco ha sido sustituido por incubadoras, aparatos que permiten que las gallinas dejen sus huevos sin necesidad de padrotes y sin estar paseándose de un lado para otro en el patio.

Las gallinas modernas, encargadas de dejar sus huevos en unos envases parecidos a unas canales, no tienen quienes las conquisten y, como decía un amigo, ya son poco los gallos que dejan oír sus cantos desde el llamado palo gallinero, porque no hay gallinas que los escuchen. Ahora bien, los llamados gallos finos, tratados con esmero, son entrenados para efectuar bravas y sangrientas peleas en unos pequeños cosos conocidos como galleras, hacia donde se dan cita muchos aficionados a realizar sus apuestas.

En ese redondel, en presencia de personas autorizadas para ello, se observan las condiciones de los contendores y, fundamentalmente picos y espuelas, armas defensivas de los contendores.

Las espuelas se forman a medida que los gallos crecen, las cuales eran amoladas por los galleros, pero, con el correr de los años, se vienen empleando espuelas artificiales, de acero algunas de ellas, más mortales que las naturales. Las peleas de gallos, hasta hace pocos años, se escenificaban en la mayoría de nuestros pueblos y ciudades durante las celebraciones de las tradicionales fiestas patronales, al lado de los toros coleados, bolas criollas, retretas y bailes públicos cerca de los templetes.

LAS PELEAS DE GALLOS EN LA HISTORIA

Las peleas de gallos, como así se conocen los desafíos aparecen reseñadas en las páginas de la historia universal señalándose que tanto los chinos como indios, babilonios, griegos, los romanos, alemanes y los españoles se caracterizaron por su afición a dichos encuentros. Se sabe que figuras de las dimensiones de Temístocles, Alejandro Magno y el beato Andrés, luego convertido en santo y patrón de los galleros, Jacobo I y Enrique VIII de Inglaterra, mantuvieron su admiración por la combatividad de los gallos.

En la obra “La pelea de gallos en Venezuela”, de Omar Alberto Pérez, con prólogo del educador y político Simón Sáez Mérida, en la parte correspondiente a los orígenes, historia y tradición de lo que tiene que ver con riñas de gallos, señala que en la urbe de Pérgamo, Asía Menor, se acuñaron monedas con figuras de gallos peleando y, al citar al historiador Andrew P. O Connor, se plasma que este autor al hacer referencia a Pérgamo, recuerda que la ciudad, la más culta y rica de Asia Occidental, tenía una biblioteca con doscientos mil volúmenes. Al efectuar la revisión de investigaciones históricas, citadas en el tratado de Omar Alberto Pérez, se divulgan datos acerca de los gallos dentro de la mitología, la religión, arte y en el terreno de las creencias populares.

ALREDEDOR DE LOS GALLOS EXISTE UN LÉXICO ESPECIAL

Los gallos de pelea y las gallinas llegaron a esta parte del planeta en las embarcaciones de los españoles logrando, con el correr de los años, a formar parte importante de los corrales de muchos hogares de familias venezolanas. Los lectores que deseen más información en relación a los gallos y las gallinas les recomiendo revisar los estudios que sobre la materia realizaron Miguel Acosta Saignes y Omar Alberto Pérez, autores consultados para poder darle forma a esta nota y, al respecto Omar A.

Pérez nos informa que la pelea de gallos llega a nuestro país y a otras parte de Latinoamérica de España y de las Canarias. Desde el momento cuando hace acto de presencia el primer gallo de pelea en tierras venezolanas, el mismo se convirtió en parte importante de las celebraciones populares, creándose alrededor de su figura un mundo de expresiones, sentencias, refranes, dichos y un léxico especial, como diría el autor mencionado, que rige todos los encuentros y solo comprensible por los que participan en ellos, tales como ahogadera, buche de sangre, canillera, chuto, dar con los machetes, estomaguera, fino de espuelas, gallo tumbado, herida de viento, ir con el gallo en la mano, lavagallo, matar el gallo en la mano, entre otros, explicados en el tratado “La pelea de gallos en Venezuela” de Omar A. Pérez

LOS GALLOS EN LA POLÍTICA Y LA LITERATURA VENEZOLANA

Los encuentros gallísticos, con espuelas bien afiladas aparecen en nuestro país metidos en los escenarios políticos y literarios. Se sabe que el general José Antonio Páez, se destacó, no solo en el campo bélico, librando grandes batallas a favor de la Independencia de Venezuela, sino también como excelente gallero y coleador.

Otros conocidos galleros, propietarios de famosos ejemplares, fueron, Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez. Por cierto, en lo de política y gallos, Simón Sáez Mérida, en el prólogo a la obra de Omar Alberto Pérez, al lado de señalar la gran afición de su padre por los gallos de riña, revela que el líder comunista Gustavo Machado, se dedicó, durante muchos años, no a trasladar gallos a las galleras en bolsas rojas, sino a coleccionar figuras de ellos. En el plano literario a los gallos les dedicaron creaciones Andrés Eloy Blanco, Francisco “Jon Pim” Pimentel, Mariano Picón Salas, Antonia Palacios, Miguel Otero Silva, Arturo Uslar Pietri, Ramírez Rausseo, Ernesto Luis Rodríguez, Alberto Arvelo Torrealba, Rafael Bolívar, Salom Mesa Espinoza.

Para cerrar esta reseña, les dejó el comienzo del poema “Galerón del gallo zambo” de Miguel Otero Silva: “A pelear mi zambo salta al centro de la gallera. Firme la cola altanera Y la cabeza bien alta”.

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