Una tarea difícil espera a ambos cuerpos técnicos. ¿Cómo motivar a unos jugadores que el martes y el miércoles creían firmemente que estarían en la final de Nueva Jersey?
Inglaterra la tocó con la punta de los dedos. Ganaba 1-0 contra Argentina en el minuto 85, antes de que Enzo Fernández y Lautaro Martínez voltearan el resultado en los últimos compases y citaran a la Albiceleste con España el domingo.
Un enésimo milagro argentino y otra decepción para los Tres Leones, que no levantan un trofeo mayor desde su primer y único título mundial en 1966.
En rueda de prensa, el seleccionador Thomas Tuchel, muy criticado en Inglaterra por su planteamiento ultradefensivo después del 1-0, resumió el ánimo de los protagonistas antes del sábado: «Nadie de estos jugadores, nadie de los jugadores franceses, quiere jugar en este partido».
Didier Deschamps también tendrá que encontrar el mensaje para movilizar a sus tropas.
«No tenemos el partido que queríamos (…), pero hay un deber cuando uno lleva esta camiseta», dijo el técnico el viernes en rueda de prensa en Miami.
«Hay una responsabilidad (…) respecto a millones de franceses y francesas que nos apoyan, que han vibrado de emoción y que también han sufrido decepciones», añadió en la víspera de su último partido al frente de Francia, con la que ganó un Mundial como jugador en 1998 y otro como entrenador en 2018.
La caída fue brutal para los Bleus, a los que la mayoría de la prensa y los analistas veían como máximos favoritos para ganar el domingo.
Confiada en sí misma, Francia llegaba al choque contra la Roja tras haber superado fácilmente a Marruecos en cuartos (2-0) y después de un Mundial en el que estuvo sobresaliente en varios partidos.