El Gobierno de Francia evalúa los daños causados por los violentos disturbios y saqueos a gran escala desencadenados en el marco de las protestas contra el encarecimiento de la vida, que dejaron un saldo de al menos 1.800 detenidos.
El caos, «sin precedentes» según las autoridades, aumentó la presión sobre el presidente Emmanuel Macron, quien durante las últimas semanas enfrentó también manifestaciones estudiantiles en todo el territorio.
Al menos «1.800 personas fueron arrestadas y ahora se están llevando a cabo investigaciones para identificar a los autores de estos actos y poder llevarlos ante la justicia», declaró el ministro del Interior, Laurent Nuñez.
En la capital y en varias ciudades, como Marsella, Burdeos, Niza y Estrasburgo, decenas de negocios fueron saqueados por jóvenes enmascarados durante las manifestaciones, que se habían convocado a nivel nacional contra la alta inflación y el costo de vida.
Al menos 1.500 comercios resultaron dañados en todo el territorio, según la Federación de Comercio y Distribución.