Los 13 miembros del núcleo familiar de Yusmeli Aguilera están distribuidos en tres carpas ubicadas en el campo de golf de Caraballada, estado La Guaira, que por estos días funciona como refugio de más de 400 personas que resultaron afectadas por los terremotos del 24 de junio.

Su hijo de 17 años y la novia perdieron la vida en una torre del urbanismo Opppe 25, estructura que se desplomó. El adolescente fue a visitar a su abuela materna, justo en ese momento ocurrieron los sismos. Bajo los escombros también quedaron dos tíos y una prima. En total seis personas murieron.
“Gracias a Dios encontramos a mi hijo, lo cremamos y le dimos santa sepultura, hicimos esto, porque yo no tengo casa, y yo no voy a estar con él de aquí para allá”.
El viernes 24 de julio, cuando se cumplía un mes de la catástrofe, Avance recorrió las instalaciones, donde se encontró a la mujer de 46 años, jefe de una UBCH, sentada en una silla de plástico blanca, rodeada de una cocina de seis hornillas, dos bombonas de gas, ollas y otros artefactos que logró rescatar de su apartamento de la Opppe 26 que quedó destruido.
Afortunadamente, salieron a tiempo y pudieron salvar sus vidas. Estos primeros 30 días, la convivencia en el albergue ha sido difícil, pero confía en que el tiempo pasará rápido y lograrán encontrar una solución al problema habitacional que enfrentan.
Ella fue damnificada de la vaguada de 1999, se quedó sin casa. Pasó cinco años en un refugio, luego le adjudicaron el aparamento y cuando pensaba que ya tenía techo seguro llegó el fatídico 24-J.
Amarga experiencia
A las tres semanas de encontrarse en el club, los trasladaron a un refugio en la escuela Guaicamacuto en Macuto, “pero nos tuvimos que regresar porque allá a mi mamá le quitaron una bolsa donde había tres teléfonos. También perdió su documento de identidad”.
Dijo que todavía hay muchas personas en los alrededores de las estructuras colapsadas tratando de rescatar a sus seres queridos. Este sábado 25 comenzó en esos espacios el Registro de Viviendas. Todos se anotaron con entusiasmo y con la esperanza de tener nuevamente sus hogares.