Carmelo Scivoletto, tiene su corazoncito tequeño
“Los Teques es una ciudad increíble que además de gozar con un excelente clima, tiene a la gente más maravillosa”. Así lo manifestó el reconocido poeta ítalo-venezolano Carmelo Sciovoletto, quien llegó hace más de 60 años a nuestra tierra a probar suerte, y vaya que lo logró.
Nació en un pueblo llamado Modica, en la provincia de Ragusa, Sicilia. “Mi madre Rizza Concetta, fue una hermosa mujer dedicada al hogar y mi padre agricultor, gran combatiente de importantes guerras que lo llevaron a ser condecorado con todos los honores y nombrado con la insignia de Cavalier por el Rey Victorio”.
Este noble y simpático caballero, de mirada dulce y un corazón de oro, nos contó que su amor por ambos países es compartido. Italia porque lo vio nacer y Venezuela que se lo ha dado todo, incluso la hermosa familia que construyó con la señora Giusepina, quien lo hizo padre de cuatro hijos, que a la vez lo convirtieron en abuelo de seis retoños.
“Mi infancia transcurrió entre muchas actividades, a los seis años trabajaba vendiendo cigarros y fósforos en la calle para ayudar en casa; pero me gustaba mucho el teatro y sobresalía cuando participaba en las funciones porque agregaba algo adicional al libreto. Recuerdo que mi primer poema lo hice cuando pensé en venirme a este país, sentí algo especial y espontáneo; a partir de allí escribo para todo, incluso la lejanía me ha enseñado a desarrollar cada uno de mis escritos”.
Tras seis décadas viviendo fuera de Europa, Carmelo y su familia aún conservan intacto su fascinante acento italiano, que combinado con el nuestro hacen una delicia la conversación con ellos. Aseguró que su musa principal para los poemas ha sido su madre; pero que cualquier cosa que pase a su alrededor lo motiva a hacer una composición literaria.
Talento nato
“Esto es un don natural que involucra al sentimiento, la vida misma es un poema”. Carmelo, ha recibido importantes reconocimientos fuera de nuestras fronteras; entre ellos los que le han concedido en su pueblo natal para enaltecer la labor que sus hijos emigrantes hacen por el mundo, como la que él por ejemplo realiza con sus escritos aquí y que por mucho tiempo fueron publicados en las páginas de Avance.
Madres, padres, niños, Dios, la Virgen, el papa, así como el amor, desamor, Italia, Venezuela y hasta Los Teques han sido protagonistas de sus poemas, quien en su haber suma más de 500, compilados en siete libros. El primero llamado “Sentimiento de un inmigrante en la lejanía” publicado en 1994, fue bautizado en la Casa de la Cultura de Los Teques. Mientras que el segundo, del mismo nombre, Volumen II, vio luz en 2002, cristianado en la Plaza Bolívar de nuestra ciudad.
A sus recién cumplidos 82 años de vida y con extrema lucidez se confesó admirador del gran Simón Bolívar, a quien con orgullo él también llama Nuestro Libertador. “Él hizo el camino y nosotros somos los caminantes, unamos nuestros esfuerzos para hacer de este país grande entre los grandes, como Bolívar, que fue un gran hombre, lo quiso”.
Un golpe de suerte
Un 7 de septiembre de 1955, se vino a Venezuela siguiendo los consejos de un amigo que vacacionó por acá y le dijo que éste era un país próspero. “Tenía poco tiempo de novio con Pina y le dije que me vendría a pasar un par de años mientras montaba mi taller para podernos casar, yo era carpintero ebanista. Luego de año y medio regresé para casarme con ella y seis meses más tarde mandé para que se viniera”.
Sciovoletto explicó que primero aterrizó por algún tiempo en Caracas, luego se mudó a Villa de Cura hasta que finalmente llegó a Los Teques. “Trabajé por doce años como carpintero para la Guardia Nacional, poco tiempo después conocí al Presidente de la República y realicé varios trabajos en Miraflores y Bellas Artes, gracias al renombre que labré con mi profesión. Aun andando por las calles de esta ciudad de clima ideal, veo muebles que he fabricado, como los que están en la antigua Traviatta desde hace 40 años”.
Así fue como poco a poco juntó un dinerito y logró comprar una humilde casita, pero no todo quedó allí porque le sonrió la suerte. “Por andar distraído viendo a una linda muchacha por la calle, choqué con un señor que vendía lotería y yo apenado por tropezarlo, decidí con los cuatro bolívares que tenía en el bolsillo, comprarle unos numeritos”.
Prosiguió relatando, “mi mayor sorpresa el día domingo fue ver que había ganado el primer premio, por lo que me dieron por eso Bs. 4 mil, que invertí con una hermana y se duplicaron, con lo que decidí montar en la calle Sucre de Los Teques, mi primera carpintería junto a la ayuda de grandes amigos que coseché aquí; luego abrí otras dos en la Esquina del Dato y la calle Ribas. Esas experiencias y el rico aire que aquí se respira me hicieron quedarme, donde hay mucha gente bella que considero mis hermanos”.
Pasión por el fútbol
Desde la casa blanca, la torre Eiffel, Tokio, los hermosos pasajes mexicanos y por supuesto su inolvidable tierra natal, entre otros lugares del mundo, hacen parte del extenso peregrinaje que este caballero ha recorrido; para ir tras su pasión: el fútbol. Donde siempre destacó en cada estadio que visitó, gracias a las vistosas y magníficas creaciones que vestía alusivas a ese deporte y a su innegable amor por sus dos terruños. Así lo fueron conociendo como “El Mundialista”.
“Yo siempre digo que nací prácticamente con el fútbol, porque llegué al mundo en 1934, año en el que Italia se consagraba Campeón por primera vez. Cuatro años más tarde, cuando salía de mi clase en el preescolar, presencié la algarabía de mi pueblo porque se repetía la misma hazaña; fue tanta la emoción que sentí en aquel momento que se convirtió en un sueño para mí asistir a un Mundial”.
Cosa que se materializó en 1986 y que repitió en varias oportunidades hasta 2002. “Gocé de la fortuna de poder viajar siempre al lado de mi amada esposa; el trabajo incansable, el apoyo de grandes amistades y hasta el soporte de algunas entidades bancarias, con quienes siempre me porté bien; me llevaron a visitar varios mundiales luciendo siempre cosas creadas por mí, donde ponía de manifiesto mi ingenio y el afecto por mis dos banderas”./Maribel Sánchez/lb/Foto: Alejandra Ávila/