Muchos de sus pacientes han seguido sus pasos
“Si volviera a nacer, escogería de nuevo ser pediatra”, fue una de las frases de la doctora Morayma Herrera, quien nació en Maracaibo, se crió en Yaracuy y luego se vino a estudiar al Colegio María Auxiliadora, donde le gustó la ciudad del clima ideal y hasta el sol de hoy reside aquí.
Esta hermosa labor la desempeña desde que era chiquita. “Cuando era niña jugaba y curaba muñecas, con otra amiga llamada Teresita Salcedo hacíamos el simulacro de inyectarlas, actualmente ella es obstetra de la maternidad. De mi familia soy el primer médico, pero ahora ya vamos como siete”.
Contó que comenzó la carrera a los 17 años en la Universidad de Salamanca en España, donde se graduó con tan solo 22 años. Luego llegó al país, donde hizo un año de reválida en Mérida y trabajó en Tabay.
“Fue un momento muy bello porque la gente fue muy amorosa y cariñosa, después pasé a trabajar en el Hospital Central de Valera, donde hice el internado rotatorio que ahora no lo exigen, pero anteriormente era obligatorio”.
Asimismo, detalló que realizó una penetración rural en Nirgua, Yaracuy, donde duró un año como lo reza el artículo 8 de la Ley del Ejercicio de la Medicina.
Posteriormente, se vino al hospital El Algodonal Andrés Herrera Vega, para luego hacer el posgrado en el hospital Magallanes de Catia y un magíster en la Universidad Central de Venezuela.
Al rememorar todos estos años, trajo a colación muchas vivencias y anécdotas. “Cuando me vine de Valera, quería trabajar donde fuera y lo primero que encontré fue en el Área Programática Número 5 de Petare y acepté, pero al mismo tiempo en El Algodonal me aceptaron en obstetricia y pediatría y también dije que sí”.
“Primero porque me gustaba el hospital, y ahí se aprende muchísimo, estaba inaugurándose para esa época y nos mandaron a colocar unas batas preciosas, estábamos esperando la plana mayor del Ministerio y entre eso entró el director del Área Programática, se me acercó y me preguntó que si yo era la que le pedí trabajo en el otro lugar, pero después le expliqué y le pasé una carta de agradecimiento, gracias a Dios no sucedió nada”.
Lo más difícil
“Difícil fue hacer el posgrado embarazada, pero por lo demás si le pones ganas y estudias, nada es complicado. En ese tiempo quedé embarazada y no daban permiso prenatal ni posnatal, el jefe del departamento me llamó y me dijo: ‘tienes que escoger entre el permiso y el posgrado’. Salí prácticamente teniendo el bebé, pero le dije que lo quería todo y a los ocho días me tuve que reintegrar”.
Reveló que luego de tener a su mi primer hijo, su abuela se encargó mientras ella trabajaba, y gracias a Dios no le mandaron a hacer guardias nocturnas, pues antes eran 44 horas de trabajo seguido.
De igual manera, narró que se encariñó mucho con su primera paciente, la cual marcó una huella en su vida, pues fue con ella que la examinaron para pasar su prueba en el hospital.
“Era una niña de 12 años y padecía de leucemia, estaba a cargo con otra colega y lo único que pedía era que no le pasara nada cuando yo estuviese en el servicio porque me encariñe mucho, y así pasó, yo no estaba de guardia cuando pereció”.
Amor por su profesión
Herrera aseguró que ser pediatra es lo más bello del mundo. “Poder ayudar en todo lo que se pueda al prójimo es una satisfacción muy grande”.
Dijo que tuvo en mente en alguna oportunidad ser médico obstetra porque es parecido, pero decidió especializarse con los niños.
Recordó que entre los años 2013, 2014 y 2015, realizó en la comisión de salud de Los Nuevos Teques cuatro jornadas de vacunación, de las cuales dos fueron de Las Américas.
También operativos de osteoporosis, descarte de cáncer mamario, donde una institución les donó 50 mamografías y muchas mujeres fueron beneficiadas. “Me dio satisfacción ver la cantidad de personas que recibían la ayuda gratuitamente”.
Señaló que su hija siguió los mismos pasos, así como muchos pacientes que en alguna oportunidad le manifestaron amor por esta carrera. “Tengo muchos pacientes que han seguido mis pasos, los controlé desde los nueve años y me decían siempre ‘yo voy a ser como usted’, creo que he sido una inspiración”.
Mujer luchadora y valiente
En medio de una enfermedad como lo es el cáncer, la doctora Morayma continúa radiante y con la misma alegría de todos los días.
“He tenido momentos difíciles, pero en la vida lo que hay que tener es ganas de trabajar, lo que te gusta lo haces, para que con el paso del tiempo nunca se cansen, porque el cansancio viene, pero si estás motivado, vas a querer continuar”.
Aseveró que es muy querida por sus pacientes. “Ahorita estoy recibiendo tratamientos con quimioterapias y los mensajes y oraciones más bellos los he recibido de mis pacientes y sus familiares, nunca me imaginé lo que pudiera inspirar en esas personas”.
Actualmente tiene 35 años ejerciendo la profesión y aún se mantiene de pie con el mismo ánimo con que comenzó cuando tenía 17./Emelin Torres/ac/Foto: Francisco López/