Emilir Basile suma 30 años como educadora
Trabajar siempre en función de aportar un granito de arena para ayudar a los demás de una manera pura y desinteresada es la premisa de Emilir Basile, una docente altruista que promueve desde cada una de sus labores, el servir ante todo. “Aunque nací en Caracas, cuando tenía dos añitos, me vine a vivir a San Antonio, desde entonces crecí en La Rosaleda, donde aún resido. Para mí los Altos Mirandinos son un paraíso, aquí hay algo que no lo hay en ninguna parte de Venezuela.”.
Señaló que su inspiración fue Irma Díaz de Salazar, su abuela materna “ella fue para nosotros un ejemplo de mujer, aprendí de su valentía que uno debe seguir siempre adelante a pesar de las adversidades; yo creo que los abuelos marcan la vida de uno de manera muy positiva”.
Estudió en el colegio Materdei, cuando este aún quedaba en el pueblo de San Antonio; como para ese entonces en el municipio no existían los liceos, debió trasladarse a Los Teques para cursar en el Miranda, sin embargo culminó su bachillerato en el Pemom, “integré la primera compañía femenina que ingresó a estudiar en esa emblemática institución”.
Una vez que salió del liceo, comenzó a estudiar Medicina en la Universidad de Carabobo, pero tras dos años y medio debió retirarse de la carrera porque sentía que no era lo suyo. Al consultarle porqué había escogido aquella especialidad, explicó que la vocación de servicio apremiaba desde siempre en ella y creyó que siendo médico podría canalizarlo.
Forjadora de futuro
Tras un momento clave en su vida, descubrió cuál era su verdadero norte. Se le presentó la oportunidad de dictar talleres en el instituto en el cual se formó como bachiller, “ese día descubrí que lo mío era la educación y no me equivoqué porque llevo 30 años ejerciendo encantadísima, este maravilloso rol, fue lo mejor que me pasó en la vida”.
Considera que su madre, Carmen Luisa de Basile, tuvo algo que ver en ello pues entregó 54 años de su vida a la docencia. “Cuando se le deja una semilla a los estudiantes y luego ver que se realizan profesionalmente es algo magnífico, tengo ex alumnos que hoy son mis compañeros de trabajo en la universidad y para mí es un orgullo”.
Prosiguió sus estudios superiores en el Pedagógico de Caracas, de donde egresó a principio de los 90’s como Profesora en Lenguas Extranjeras, mención Inglés. Continuó preparándose paulatinamente y realizó especializaciones en Gerencia Educativa y en Dirección. “Actualmente estoy terminando un doctorado en la UPEL”.
Más allá de eso ha impartido clases en primaria, bachillerato y sobretodo universidades. “De los niños aprendí que hay que seguir adelante porque la vida continúa; de los jóvenes que la rebeldía es tolerable y además te enseñan a ser románticos, mientras que de los universitarios aprendí a luchar por los sueños”.
Al Colegio Universitario de Los Teques llegó cuando trabajando en la UBA, tras una bien labrada carrera profesional, le propusieron prestar sus servicios también a esa institución, y de eso ya hacen 16 años. “Estoy completamente arraigada a esta casa de estudios, me siento parte de aquí desde que empecé a dar clases en Mercadeo y Recursos Humanos, donde llegué a ser Coordinadora de ambos departamentos y más adelante Jefe de Control de Estudios”.
Filantropía a flor de piel
Detrás de su destacada trayectoria como docente, esta agradable y dulce mujer, ha realizado una labor encomiable desde su juventud. “He crecido con Rotary, desde que tenía 20 años me sumé al maravilloso trabajo que realizan. Un día papá y mamá propusieron en casa que formáramos Rotary San Antonio, pero que lo hiciéramos en familia, todos aceptamos porque capturaba nuestra atención la filosofía que imparten”.
Se beneficia más el que mejor sirve. Es un lema del club, del que hoy Emilir es presidenta en Los Teques, con el cual ella comulga por completo. “Somos una gran familia dentro de una organización con una misma meta: servir al prójimo. Allí cada día lo vives como una bonita aventura, es un equipo de trabajo con perfecto engranaje donde disfrutamos lo que hacemos”.
Desde su rol de madre, de un brillante joven de 26 años, que lleva por nombre José Luis, ha realizado también una excelente tarea. Nos contó una anécdota aleccionadora que le hizo ver que lo estaba haciendo bien. “Con tan solo cuatro añitos, él tuvo un gesto único al desprenderse por decisión propia de sus juguetes más preciados para otorgárselos a los niños de una casa hogar que visitamos; lo mejor es que fue sin esperar nada a cambio, porque quisimos premiarlo por su valerosa acción y no aceptó porque su premio era la sonrisa de esos niños que ayudó”.
Una gran guerrera
Soñadora, luchadora, aventurera y constante; así se definió esta gran mujer que es un verdadero testimonio de vida. Ha recibido dos grandes oportunidades de seguir adelante y lo ha hecho de la mejor forma, labrando el futuro de las nuevas generaciones y ayudando a quienes de verdad lo necesitan.
“Tengo problemas renales, eso es algo que no todo mundo supera; sin embargo yo sobreviví a una neurisma y eso es gracias a mi hijo, es quien me mantiene viva; además del hecho de vivir bonito, sirviendo siempre a todos, desde mis alumnos hasta la comunidad, profesando siempre amor, respeto, solidaridad y lealtad para sumar voluntades”.
Después de tener prácticamente sentenciado un corto espacio de vida decidió vivir un día a la vez. “Hay que vivir cada momento como si fuera el último, por eso soy una aventurera que no se fija planes a largo plazo porque la vida es hoy, si te distraes en el futuro no puedes concentrarte en tu presente, se deben quemar las etapas y dejar huellas”.
Aseguró que el secreto de su éxito está en hacer las cosas como cree que es mejor hacerlas, sin crear conflictos con nadie y en caso de que surjan, tener presente que lo urgente no opaca lo importante.MS/lb/Foto: William Sánchez