Protección civil hará una inspección general de la zona
En vaivén y la posición inclinada del Vehículo le indica a quién no haya visitado el sector La Gotera, en Pelo Alto, que va a una zona lejana y con una carretera bastante irregular. En lo que parece ser la Calle principal del sector, hay varios latones que funcionan como puerta y conducen a un interminable caserío. Las escalinatas hechas de tierra, piedras y trozos de tabla van dibujando el camino de quien se propone la laboriosa misión de ingresar a esta zona.
Excremento de animales, peleas de perro y maleza, que interrumpe el paso peatonal, son algunas de las características del ambiente que rodea las humildes viviendas que están cediendo poco a poco debido a la falla del suelo.
Prácticamente todas las casas de La gotera tienen las paredes agrietadas. Los lugareño trata desesperadamente de rellenar cada terreno, cercano a su vivienda, que se va deslizando, sin embargo, las lluvias inclementes, destruyen la lucha de los habitantes por no perder sus hogares.
La inestabilidad del terrero no es un hecho inesperado o inusual, los vecinos tienen más de 30 años enfrentando este problema. Hace aproximadamente dos años, aquellas familias que tenían sus hogares en estados de alto riesgo, fueron reubicadas en los edificios de Misión vivienda del sector Las coquizas, en Lagunetica.
Las autoridades de Misión vivienda prometieron ayudar a los 40 grupos familiares que se quedaron en la zona popular, sin embargo no han recibido una propuesta concreta. Han Construido “Refugios solidarios”, que consisten en remendar casas abandonadas, por los que fueron reubicados, y refugiar a quienes tuvieron que abandonar su hogar por medidas de seguridad.
“El problema es que a los que nos han ofrecido casa nos dicen para irnos a La Victoria, Santa Teresa y La Guaira. Ellos no entienden que tomar la decisión de mudarse hasta allá implica que debes dejar nuestros trabajos, necesitamos condiciones estables para irnos de aquí” Explicó Isbelia Vastecillo, lugareña.
El peligro es inminente, parece que Lisbely García tendrá que desalojar su hogar, hay una enorme grieta que se extiende por el medio de su sala y que ha hundido progresivamente la estructura. “Cada vez que llueve agarro a mis muchachos, los alejo de la sala porque eso se está cayendo, a veces siento que llueve más adentro que en la calle”. Esta solo es la historia de una mujer que, como el resto de las familias , teme por su integridad.
Los habitantes de la pradera se encuentran a la espera de soluciones, Corpomiranda y Misión Vivienda prometieron que iban a ayudarlos, sin embargo la espera se hace larga , los días pasan y con la temporada de lluvias las estructuras se deterioran más y el terror por morir tapiados se apodera de los vecinos.