Lizardo trabaja en varios proyectos con miras a promover cultura
Juan Lizardo, es un talentoso músico y compositor que ha desarrollado su carrera desde siempre en el eje de Los Altos Mirandinos, aportando con ello un valioso grano de arena para enriquecer el acervo cultural de nuestra tierra a través de la difusión de sus creaciones y la educación musical de nuevas generaciones.
“A Caracas solo fui a nacer, pero mi vida entera ha transcurrido en esta zona del país. La primera parte de mi infancia se dio en La Macarena, más adelante me mudé al pueblo de Carrizal y luego a San Antonio de Los Altos; inicié estudios de teoría y solfeo en la escuela de música de los Carreño, ya que a los seis años había comenzado a tocar cuatro y compuse mi primer tema que llamé Vuela, a los nueve años me entusiasmé por la guitarra”.
Relató que proviene de una familia de músicos, su padre y su tío mantuvieron por más de 30 años una banda denominada La misma gente, en la cual Juan se incorporó desde muy temprana edad. “Una vez hubo un vacío vocal que debí cubrir, al tiempo que ejecutaba la guitarra, luego me formaron como técnico de tarima. Crecer rodeado de esa onda donde todo mundo canta o toca me motivó a hacerlo también parte de mi estilo de vida, cuando eso tenía doce años y una guitarra eléctrica en mis manos, desde ese momento he vivido colgada a ella”.
Entre el aprendizaje de nuevos temas, la adaptación de otros existentes en el mercado y la interpretación de los que componía a los 15 años, se fue desenvolviendo de una forma muy natural, pero no fue sino hasta los 22 que decidió ser músico a modo profesional; se inscribió en el conservatorio José Ángel Lamas y desde entonces ha fungido, entre otras cosas, como instrumentista para otros compositores y ha ido escalando de a poco los niveles de este fascinante arte.
A pesar de que la guitarra es el instrumento base de este artista, también ha hecho carrera en el bajo con las bandas Alto Pana y Grand Jam; la batería también ha tenido un rol protagónico en su vida. Ha producido algunos eventos y festivales, a la par que disfruta del nacimiento de la tercera generación de músicos en su familia.
“Mis sobrinos vienen realizando una labor maravillosa e importante de la cual me enorgullezco. Tengo tres hermanas que en los 80´s se deleitaban enormemente con los artistas del momento, ellas cantaban temas de muchos de ellos y yo las acompañaba con mi instrumento; hoy día conformamos un grupo llamado Las Mañas, donde ellas junto a mis sobrinos y mi persona hacemos lo que más nos gusta”.
Transmitiendo conocimientos
A juicio de Lizardo, y de acuerdo a los criterios universales, el arte está definido como la expresión del alma y la música como el lenguaje de ello. “Desde hace seis años hago parte de una agrupación que fusiona el jazz con el estilo étnico, al mejor estilo de la música instrumental, aunque tenemos una cantante que usa la voz como un instrumento. Ozono Jazz, viene trabajando desde hace cuatro años con la embajada de La India”.
Muy aparte de eso, manifestó ser un apasionado del dibujo y de la literatura, “que me nutren infinitamente para escribir mis temas y al mismo tiempo cuentos, ensayos e ideas”. En la actualidad y desde hace tres años, imparte clases en un preescolar en Carrizal, en un centro de niños especiales en San Antonio y dirige junto a su hermana una coral estudiantil; no obstante, hace lo propio a nivel privado desde hace 16 años.
“Con los chamos tenemos un trabajo interesantísimo, hemos conformado mi hermana y yo Babbi Banda, que lleva doce años difundiendo música infantil en eventos públicos y privados. Debo confesar que tengo una afinidad con los niños fantástica, incluso en ocasiones me siento uno de ellos y compartir mi pasión hacia la música con este público es bastante gratificante porque me lleva a ser lo mejor que puedo, desarrollando lo más bonito de mí, enamorándolos de los instrumentos y el canto”.
Expresó que lo que más disfruta de esa faceta es la buena vibra que le transmiten los niños, “trabajé muchísimos años de noche y eso sí que es verdaderamente agotador, en cambio hacerlo en medio de tanta energía, alegría y entusiasmo es lo máximo; es como una medicina para el alma, es un modo de vida maravilloso en el que he aprendido mucho”.
Al rescate de lo nuestro
Entre los proyectos inmediatos en los que está trabajando Juan, está el que inició de la mano con otros artistas como pintores, teatreros, escultores y muchos más, para conformar una asociación civil o cooperativa de integración de las artes y así promover aún más la cultura.
“La gente necesita enfrentarse a lo desconocido, apreciar incluso las nuevas propuestas y apoyarlas; por eso nuestra expectativa está en demostrar lo que traemos en conjuntos, por ejemplo presentar una exhibición de arte acompañada de buena música o tal vez una obra de teatro donde el escenario funja como galería, es una forma de ayudarlos ayudándonos, a eso lo llamamos proyecto Clan”.
Al consultarle sobre las características que definen la esencia de su ser refirió, “pasión, en virtud de que he sacrificado cosas que valían mucho para mí por dedicarme a esto que tanto me gusta; amistad, porque dependo mucho de ellos, como dice
Rubén Blades, los amigos son la gran familia que conocemos entre extraños y fantasía, porque amo lo que eso representa, por aquello de que soy como un niño y me abstrae un poco de la realidad sin evadirla”.
Dentro de los aspectos más fascinantes que envolvieron la entrevista de Juan, fluyó un tema que a juicio de esta redactora, es de vital importancia para que todos y cada uno podamos mejorar aunque sea un poco nuestra calidad de vida. “Todos necesitamos cantar, no es preciso tener una voz prodigiosa para hacerlo, lo importante es intentarlo porque es tan necesario como la risa. A los pajaritos el cantar no les trae ni una semilla pero los hace felices, así debemos hacer nosotros”./Maribel Sánchez/lb/Foto: Víctor Useche/