La terrible experiencia que enfrentó una estudiante del Rufino Blanco
Jackeline Damaris Aranguren Araujo, estudiante de emergencias prehospitalarias del Instituto Universitario Tecnológico (IUT) Rufino Blanco Fombona de Los Teques, entrenadora de natación y residente de Colinas de Carrizal, vivió en dos momentos la catástrofe del 24 de junio.
Primero vivió el horror de los dos terremotos porque ese miércoles festivo se encontraba en La Guaira disfrutando de un día de paseo y diversión. Segundo ayudó a salvar vidas porque es rescatista voluntaria vinculada a Protección Civil y forma parte del voluntariado de su casa de estudios.
Aquel 24-J, a eso de las 6:00 am, ella junto a su grupo de natación abordó un autobús y de los Altos Mirandinos se dirigieron al Litoral Central. Llegaron a una playa en Naiguatá, pasaron todo el día practicando natación en aguas abiertas y en la tarde se trasladaron al pueblo para participar en las fiestas en honor a San Juan Bautista, donde bailaron al son de los tambores.

Un poco antes de las 6:00 pm, suben de nuevo al autobús para regresar a los Altos. Y justamente cuando iban pasando por Tanaguarena, ella y sus acompañantes sienten la fuerza telúrica. “Yo vi los edificios caer, vi cómo la gente se lanzaba al vacío en medio de la desesperación cuando las torres estaban colapsando”.
“Presencié como les caían escombros gigantes a personas y éstas morían aplastadas. La nube de polvo era impresionante, nublaba la vista. Lo que le estoy relatando no es nada que vi en las redes sociales ni que me lo contaron, son testimonios vividos por mí misma”.
Cuando se movilizaba en la unidad de transporte también quedó impactada de ver como se abría la carretera y las maniobras que hacía el conductor para no caer en ningún hueco. Jackeline no sabe dar una explicación de como salieron de La Guaira en medio del caos.
Intercesión divina
De lo que sí está segura es que por intercesión divina pudo regresar sana y salva a su hogar. Al día siguiente bien temprano se puso las botas el resto del uniforme y volvió a La Guaira para asumir su rol de rescatista.
“Bajé a poner un granito de arena en lo que se podía, tanto atendiendo pacientes como trasladando personas a refugios, a los lesionados llevarlos a centros hospitalarios”.
Al profundizar sobre los rescates expresó: “Todo era impresionante, entre los escombros había torsos y demás partes humanas. Otra cosa que me impactó fue encontrar muchos cadáveres abrazados. Madres abrazando a sus hijos, esposos abrazos. La gente en sus últimos segundos lo que hizo fue abrazarse. Con el grupo que yo estuve rescatamos con vida a unas 30 personas”.