En un centro de bateo del CCCT, los niños de Criollitos de La Guaira vuelven a tomar el bate. Dos meses después de los terremotos que les quitaron casas y a más de un centenar de compañeros, el juego se ha convertido en el lugar donde se encuentran de nuevo, donde recuperan la rutina y donde el dolor se comparte en silencio entre lanzamientos y risas.

De los 120 equipos que integran la Corporación Criollitos de Venezuela, al menos 40 desaparecieron tras la tragedia. Los que quedaron decidieron seguir jugando por ellos. Cada entrenamiento y cada encuentro se ha transformado en un homenaje silencioso a quienes ya no están.
Lilian Blanco, de Criollitos Distrito Capital, aún recuerda el 24 de junio como “el día cero”. Ese día rescataron de los escombros a Jhorny Sojo, presidente de la corporación de La Guaira, y comenzaron a buscar a cada niño. “El dolor más grande no lo podemos quitar, pero sí podemos tenderles la mano.
Los primeros quince días no fueron lo más duro. Lo bueno está hoy, cuando realmente necesitamos esa ayuda tan grande”. Muchos de esos niños pasaron días bajo tierra. “Hay que dar gracias a Dios que están aquí. El trabajo es duro y nuestros niños lo necesitan”.
María José Rojas, madre de uno de los peloteros, dice que el béisbol se volvió el refugio de su familia. “Somos una familia afectada que hoy se aferra a esta disciplina. Nos da una ruta y un enfoque. Ahora nos manejamos como una familia. Hay una gran parte de los compañeros de mi hijo que están con vida. No perdimos la fe ni las ganas de salir adelante.
Eso lo aprendimos cuando nos ayudamos unos a otros”.A ese esfuerzo se sumó la Fundación Motores por la Paz, conocida por sus Olimpiadas de Matemática y Lengua, que el ciclo pasado reunieron a 133 mil niños. Junto a Batemania, en el CCCT, abrieron un espacio para que los pequeños de Criollitos recuperen el juego y la identidad. “Desde el segundo día el deporte no se detuvo”, afirma su presidente, Gerardo García.
“La comunidad se organizó para ayudarse. Creemos que hay que invertir en espacios seguros y en reconstruir lo que nos conecta”. El propietario del centro de bateo, Ángel Vivas, insiste en que el acompañamiento debe ser de largo aliento. “
No son los primeros días. Es un proceso largo. Las carreras largas nos dejan sin aliento, pero hay que terminarlas. Yo puedo aportar lo que tengo”. Bajo la iniciativa “Ayudar nos une” comenzaron un ciclo de encuentros pensados para devolverles a los niños y a sus familias un lugar donde el béisbol vuelva a ser, simplemente, un juego.