Niños y abuelitos son su talón de Aquiles
“No es fácil ganar la confianza de un niño en una profesión como esta, pero con cariño y empatía se puede lograr”. Así lo confesó Atiska Álvarez, una destacada odontóloga con 15 años de trayectoria en los Altos Mirandinos, quien manifestó que a pesar de que ejerce su labor integralmente, su debilidad son los niños y abuelitos.
Aunque nació en Caracas y allá se desarrolló buena parte de su infancia y juventud, se siente completamente arraigada a San Antonio de los Altos, donde reside y trabaja desde hace algunos años; a la par que labora desde hace 10 años en el Instituto de Previsión y Asistencia Social del Personal del Ministerio de Educación (Ipasme) en Carrizal.
“Siempre quise ser ‘un médico que curaba los dientes’, así me decían de niña que se llamaban los de mi especialidad. Cada vez que me llevaban a las consultas yo estaba muy feliz y todo lo preguntaba, de alguna manera me sentía identificada con ese mundo. Estudié primaria y parte de la educación básica en el Instituto Fe y Alegría de La Rinconada, después nos mudamos a Los Teques y cursé tercer año en el María Auxiliadora, luego pasamos a vivir a San Antonio y culminé mis estudios en Caracas”.
Puede parecer muy paradójico que un niño se sintiera atraído por el trabajo de su odontólogo, cuando lo común es que les teman por toda la estigmatización que rodea a esa profesión, pero Atiska manifiesta que para ella esa visita semestral o anual era algo grandioso.
“Tuve la suerte de ingresar a estudiar Odontología en la UCV, antes era mucho más sencillo, siempre fui buena estudiante pero no de las mejores, así que quedé por la prueba interna, fue una gran experiencia para mí por todo lo que representa en el país esa gran institución”.
Explicó que mientras sacaba allí su carrera, surgieron varios inconvenientes y la universidad se vio paralizada por algún tiempo, así que para no estar “en el aire”, decidió inscribirse a finales de la década de los 90 en el otrora Cultca para estudiar Mercadeo. “La publicidad también me fascinaba muchísimo”.
Una vez que reiniciaron actividades en la Central, resolvió continuar simultáneamente ambas carreras, pero debió abandonar Mercadotecnia en el cuarto semestre porque no podía cumplir las pasantías, en virtud de que estaba en la UCV durante el día.
“Culminé graduándome en 2002, antes de terminar la carrera ya venía explorando el campo laboral a nivel privado en conjunto con una gran amiga, pero una vez que obtuve el título instauré mi propio consultorio en el pueblo de San Antonio. Poco a poco fui calando entre mi gente y trabajando la odontología a todos los niveles que me permitía haber egresado de la UCV”.
Un don especial
Con la chispa y picardía que la caracteriza, manifestó que siempre le ha gustado lo que hace, pero que lo que más le atrapa es el trabajo con los niños. “Adaptarlos a la consulta, ganarme su confianza y tener empatía con ellos es verdaderamente fabuloso; casi siempre vienen muy asustados, y de pronto lograr que se abran contigo, te colaboren y encima te entreguen lo más sincero que tienen, que es su cariño, es algo que no tiene precio”.
Esta profesional de la Medicina, además de los pequeñines de la casa, también gusta de trabajar con las personas de la tercera edad e incluso con pacientes de condiciones especiales. “Uno a veces funge de psicólogo, existen muchas patologías que se pueden contagiar por los tejidos bucales; el hecho de que una persona por ejemplo con VIH te confiesa su condición para cuidarse más y de paso cuidarte a ti es muy valioso porque indica que existe confianza y eso se agradece”.
«Conseguir que confíen plenamente en tu trabajo y cambiarles el semblante es gratificante, algunos llegan acá con caras muy largas o cargados de problemas, pero uno poco a poco va logrando dibujarles una sonrisa, tengo pacientes adultos que trato con cariño como a niños, y es maravilloso porque cuando uno hace lo que le gusta tiene el éxito garantizado”.
Transformando vidas
A su juicio, la mejor manera de llevar una excelente relación con un odontólogo es practicando la prevención, y eso se logra principalmente trabajando a cada paciente desde muy pequeño. Aseguró que es preciso que las personas comprendan que no solo los odontólogos tratan los dientes, sino que tener una higiene bucal adecuada y un cuidado dental acertado les brindará bienestar a nivel general, y que por ello hacer prevención siempre va a ser mejor que un tratamiento curativo.
“Soy de las que piensa que todo comienza por una sonrisa y que esa es la mejor carta de presentación, a través de ella se puede identificar la personalidad de un individuo; un problema dental puede desencadenar conflictos emocionales que lo conducen incluso a la depresión porque sencillamente no pueden sonreír; cambiarles la vida en ese sentido es lo más importante para mí, por eso trabajo en esto, es mi granito de arena con el que obtengo como la mejor recompensa el agradecimiento, cariño y respeto de mis pacientes”.
Con esa premisa y espíritu de colaboración ingresó al Ipasme, y allí se quedó. Recordó que cuando comenzó en esa institución se estaba implementando un programa en el que llevaban el servicio odontológico hasta las escuelas y fue allí donde se enamoró de la labor con los niños. Actualmente, tiene un consultorio en El Picacho y señaló que tiene la misma entrega para una persona que acude a una consulta privada como para aquella que asiste al ente público en el que Atiska labora./MS/ac/Foto: Alexander Offerman/