Por: Pedro Vicente Rodríguez Calderón
Educador, Comunicador y Político
Podemos entender que existen estilos intencionados en muchos discursos escritos: desde la escritura artística o literaria de las prosas, poesías o novelas con las que pudiésemos tener diferencias en las miradas y percepciones, hasta los discursos políticos o provocadores donde tenemos que aprender a leer entre líneas o tener sentido del humor abierto que nos ayude a su comprensión. Por supuesto, también están los escritos académicos y científicos donde tocará tener un bagaje de información y de formación en la temática intelectual que se esté desarrollando.
En nuestra formación política y académica existieron dos ejercicios que fueron de mucha ayuda para comprender lo que se lee, el primero, los círculos de estudio político y filosófico donde, a partir de la lectura de un libro, varios debatíamos nuestras interpretaciones y confrontábamos ideas entre los menos avanzados con los más formados. Otro, el análisis del discurso, aquí resaltábamos las ideas centrales y las conexas que le daban sentido entre líneas a la intencionalidad del discurso, también realizábamos cines foros temáticos y abríamos debates con buenos niveles de profundidad. Donde suele ser más difícil tener lecturas diferentes, es en el lenguaje matemático o sobre hechos certeros.
Preocupa por estos días, la frecuente ocurrencia de situaciones donde colocamos en duda la inteligencia humana. Es posible que las causas estén asociadas al aprender la lectura de manera irreflexiva, sin análisis de lo que se lee, con muy limitada práctica y/o a los limitados caracteres usados en las redes sociales. También pudiera incidir la forma como escribimos y para qué público o tipo de lector lo hacemos.
La situación tiende a generar angustia, cuando al lector que no comprendió un escrito se le explica por diversas formas y vías sobre lo erróneo de su interpretación y sigue incurriendo una y otra vez en interpretaciones incorrectas de lo expresado.
“En algún lugar de un libro hay una frase esperándonos para darle un sentido a la existencia”. Miguel de Cervantes