Pese a los evidentes peligros prefieren quedarse en el litoral

Lilia Mena, de 79 años de edad, lo perdió todo con el doble terremoto del 24 de junio, menos la esperanza de seguir viviendo en La Guaira, su tierra natal.
Ella forma parte de las centenares de familias que vivían en un gigantesco urbanismo de la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV), ubicado en el sector Mare Abajo, parroquia Carlos Soublette, a pocos minutos del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, que salieron despavoridas de sus apartamentos tras los movimientos telúricos.
Pese que a que los inmuebles quedaron inhabitables, pues sufrieron graves daños estructurales a muchos damnificados se les escuchó decir: “Aquí no hubo tantas afectaciones”, pero las evidentes imágenes dicen lo contrario.
“Nos encontramos en frente de nuestros apartamentos en una cancha. Nos quedamos acá porque queremos seguir viviendo en este lugar. Casi todos somos nacidos y criados aquí. Las autoridades nos están diciendo para mandarnos a otro lado y no aceptamos eso”, afirma tajantemente a Avance la adulta mayor.
Ponen sus esperanzas en los gringos
Dice que la gente de afuera los van ayudar. “Muchos han venido para acá a echarnos la mano. Han traído camiones cargados de medicinas, sabanas, comida. Todo el tiempo, están pendiente de nosotros”.
Cuando se le preguntó a quien se refiere con los de “afuera”, automáticamente respondió: “la gente de Estados Unidos, ellos han venido en aviones, son unos catire. Han venido hasta personas de Francia”.
En referencia a los gringos indicó: “Tengo la esperanza de que ellos agarren esto y hagan de verdad una cosa buena”, dando a entender que con el apoyo internacional se reconstruirá La Guaira.