Francia vive este sábado una intensa jornada de protestas contra el encarecimiento de la vida y la subida de los combustibles, impulsada por colectivos estudiantiles y antiguos referentes de los «chalecos amarillos».
En París, el despliegue policial deja ya un centenar de detenidos, intervenciones para disolver marchas no autorizadas y altercados frente a las sedes de los medios CNews y Europe 1, donde un intento de bloqueo se saldó con daños materiales y una veintena de arrestos.
La tensión se extiende a otras provincias con disturbios en Marsella, donde atacaron una comisaría municipal, bloqueos a la refinería de Feyzin en Lyon, cortes de tráfico en Rennes y Lille, y un incendio intencionado en la Universidad de Ruán.
Ante estos incidentes, la Prefectura de Policía de París ha calificado de «fracaso» la estrategia de disturbios coordinada en redes sociales gracias a la rápida reacción de los agentes.
Para contener la escalada, el Gobierno ha desplegado más de 10.000 efectivos y ha prohibido manifestaciones en zonas sensibles como el Elíseo o los Campos Elíseos, bajo la orden de despejar cualquier infraestructura estratégica. Pese a no contar con la convocatoria oficial de los grandes sindicatos ni de la oposición, las movilizaciones suman el respaldo de la CGT y de formaciones políticas como La Francia Insumisa.