Los voluntarios no cesan de escarbar entre los escombros
La angustia y la esperanza siguen entrelazadas en las zonas más devastadas de La Guaira. Este sábado, mientras se cumplen más de 72 horas desde los potentes terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 del pasado miércoles 24 de junio, cientos de voluntarios, rescatistas oficiales, brigadas internacionales y familiares no cesan en la búsqueda de sobrevivientes entre toneladas de escombros.
El edificio Rosemary, ubicado en el sector Los Corales, continúa siendo uno de los epicentros de la tragedia y de las operaciones de rescate. Desde las primeras horas del viernes, caravanas de motos y camionetas provenientes de los Altos Mirandinos, Caracas y otras zonas llegaron nuevamente al lugar para sumarse a las labores.
Vecinos, jóvenes y personas sin experiencia en rescate trabajan hombro a hombro con bomberos, policías y equipos especializados, removiendo concreto, hierro y ladrillos con las manos, picos, palas y maquinaria pesada.
Aunque las probabilidades disminuyen con el paso del tiempo, en las últimas horas se reportaron nuevos intentos de rescate en varios edificios colapsados de Los Corales, Playa Grande, Caraballeda y Catia La Mar.
En algunos puntos cercanos se han logrado extracciones milagrosas en días anteriores: personas que sobrevivieron bajo los escombros durante decenas de horas y fueron trasladadas con vida a refugios temporales en y otras localidades.
Sin embargo, la mayoría de los hallazgos en el Rosemary y edificios aledaños han sido lamentables. “Pasé horas y horas buscándolo. Pensé que estaba muerto… sacaron varios cadáveres y ninguno era él. Recorrí los hospitales hasta que lo encontré vivo”, relataba ayer Rosa refiriéndose a su esposo.
Historias similares se repiten este sábado: algunos familiares logran reencontrarse en centros médicos, aunque con heridos descompensados o en estado grave; otros reciben la noticia más dura al reconocer los cuerpos recuperados.
Escenas de dolor extremo, como la de una mujer que se desvaneció al identificar a su pareja entre los fallecidos extraídos, se han vuelto comunes frente a las montañas de ruinas.
Apoyo internacional y esfuerzos
El contingente del Ejército mexicano, que arribó el viernes, intensificó este sábado sus operaciones en Los Corales junto a brigadas caninas. Los perros han detectado signos de vida en varias oportunidades, aunque la inestabilidad estructural y la cantidad de escombros han hecho lentas y peligrosas las maniobras. Rescatistas mexicanos, con experiencia en sismos, trabajan codo a codo con equipos venezolanos y otras delegaciones internacionales que continúan llegando.

Operarios del Ministerio de Agua y maquinaria pesada siguen removiendo escombros de forma coordinada. Paralelamente, decenas de motorizados y caravanas particulares ingresan ayuda recolectada de manera espontánea: agua, alimentos no perecederos, medicamentos, guantes, linternas y baterías.
La mayoría se dirige a los sectores más golpeados como Caribe, Los Corales y Playa Grande.
Médicos y personal de salud venezolano permanecen desplegados en diferentes puntos del estado, atendiendo heridos, coordinando evacuaciones y apoyando en refugios improvisados. Las autoridades han reportado la distribución de más de 2.600 toneladas de alimentos y agua potable, aunque en muchas comunidades aún se reportan escasez y dificultades logísticas.
Desafíos
La Guaira fue declarada zona de desastre. Cifras oficiales y reportes actualizados hablan de más de 1.400 fallecidos a nivel nacional (con tendencia al alza), miles de heridos y decenas de miles de desaparecidos, muchos aún bajo los escombros de más de cien edificios colapsados o gravemente dañados. Réplicas sísmicas, incluida una perceptible este sábado, mantienen en alerta a la población.
El gobierno ha restringido el acceso vehicular al estado para priorizar las labores de rescate y evitar congestionamiento, mientras despliega miles de efectivos de seguridad.
A pesar de ello, la solidaridad no se detiene: voluntarios exigen más maquinaria, combustible y apoyo técnico para continuar removiendo escombros donde aún se escuchan señales de vida.

En Los Corales, como en el resto de La Guaira, la jornada de este sábado transcurre entre el ruido de las máquinas, los llamados de silencio para detectar voces bajo el concreto, el llanto de familiares. Cada hora cuenta. La tragedia es inmensa, pero también lo es la voluntad de quienes se niegan a perder la esperanza mientras quede una posibilidad de salvar una vida. Se requieren con urgencia: insumos médicos, agua potable, alimentos, guantes de trabajo, pilas, generadores y más apoyo técnico para las brigadas. La reconstrucción apenas comienza, pero por ahora el foco está en rescatar a quienes aún resisten bajo los escombros