Luis López, uno de los periodistas más destacados de La Guaira, que lleva muchos años incorporado al equipo de La Verdad de Vargas, ofreció una emotiva entrevista a Avance en la cual relata los momentos difíciles que enfrenta él y su familia tras el doble terremoto del 24 de junio.
Este hombre de 65 años de edad y que lleva más de cuatro décadas dedicado al periodismo ha sufrido tres duros golpes en menos de dos años. Fue preso político. Duró 19 meses detenido, 10 meses en el Sebin y los nueve restantes en El Rodeo.
En enero de este año obtuvo su libertad bajo medidas cautelares. A principios de febrero el comunicador social vivió otra tragedia, pues su sobrina Leidy Contreras (42), fue asesinada por su expareja, un exfuncionario del Cuerpo de Bomberos de Miranda. Este es uno de los dos homicidios que se contabilizan hasta ahora en Los Teques.
López nos recibe en la Casa Scout, en la parroquia Soublette, que está habilitada como refugio y donde permanecen familiares suyos. Allí pernoctó durante tres días. Tiene los pies hinchados, su rostro luce cansado, sin embargo saca fuerzas para contar su historia de cómo vivió los movimientos telúricos y como se repuso casi de inmediato para salir a trabajar y reseñar todas las incidencias en La Verdad.
Se lanzó a la calle
Se quiebra y no puede evitar estallar en llanto. Hace una pausa, respira profundo y expresa: “Que tristeza. Los daños que hicieron los terremotos se complementan con los daños que han causado algunos organismos públicos al no dar una respuesta inmediata. Siento impotencia. El día uno, yo vi como 30 bomberos y Protección Civil estaban de brazos cruzados porque no tenían ni un mecate para rescatar”.
“Yo me olvidé que fui preso político y todo lo que he vivido durante todo este tiempo. Lo único que sabía era que tenía que buscar información y más información para transmitirla a nuestro pueblo”. Sostiene que al monitorear el estado en que se encontraba su familia, “al saber que estaban bien con las carencias del momento, decidí patear la calle. Es impresionante cuando salgo y veo como estaban Los Corales, Caribe, Playa Grande, donde había gente viva. Un muchacho pasó 24 horas con una viga de acero clavada en una de sus piernas, tuvieron que amputársela por los daños extremos. Es alumno mío porque también soy profesor”.